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En San Marcos 16, 15 - 20 leemos : " Y Jesús les dijo : Vayan por todo el mundo y anuncien a todos este mensaje de salvación. El que crea y sea bautizado , será salvo; pero el que no crea, será condenado...... Ellos salieron a anunciar el mensaje por todas partes; y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas ".
Nuestro desafío hoy es que el enemigo está arrebatando almas. Las calles están llenas de personas sin rumbo, desorientadas en la vida, buscando el camino que nosotros ya hemos encontrado. ¿ No cree que es tiempo que ellas también conozcan la verdad ? .
El corazón de Dios está dolido por la oveja perdida. Día a día miles de almas mueren en las manos de aquel que solo los ha engañado y lo más triste es darnos cuenta de que muchos de ellos aún no han oído el evangelio. ¡ No permitamos que padezcan más ! La Palabra dice : " El alma que pecare, esa morirá " ( Ezequiel 18,4). No permitamos que tantas vidas continuen perdiéndose sin conocer la verdad.
La Iglesia de Jesucristo tiene la gran responsabilidad de anunciar el evangelio. Una gran parte de la Iglesia ha olvidado el Gran Mandato, la Gran Comisión que nuestro Señor Jesucristo dejó de ganar almas para el cielo.
Pero, ¿ Cómo podemos predicarle a los perdidos ? Simplemente con la verdad y la sencillez del evangelio. Ellos están cansados de fracasos, de mentiras. Se sienten sin esperanzas y con gran necesidad. No podemos ir solo con palabras. Perdieron la confianza aun en los que tienen investiduras de poder y autoridad. Los han defraudado y no han cumplido sus contratos y promesas. Pero la Biblia nos dice que Dios siempre cumple lo que promete.
DIOS PUDO HABER ENVIADO ÁNGELES :
Frecuentemente oímos decir : " Dios pudo haber enviado a sus ángeles para predicar el Evangelio. Pero, no lo hizo. Él ha ordenado que lo hagamos los seres humanos. Si las personas no predicamos, nadie lo hará y las almas se perderán.¡ Es la verdad ! La predicación del Evangelio depende de que las personas tengan su voluntad rendida y se decidan firmemente a abrir la boca para que Él pueda hablar.
Cristo necesita un cuerpo humano a través del cual ministrar. Y quien más puede ser sino, usted y yo. Nosotros, somos la Iglesia, Su cuerpo, Su templo: " Porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos ( Efesios 5,30). Solamente a través de SU cuerpo Cristo podrá visitar al prisionero. Él irá en USTED. USTED es la Iglesia.
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