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SIN LÁGRIMAS NI DOLOR.

Número 804

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En esta serie de tratados, he querido dar respuesta a preguntas, tales como: ¿ Existe realmente el cielo ? ¿ Cómo se llega allá ? ¿ Cómo seremos en el cielo ? ¿ Reconoceremos nuestros seres queridos allí ? ¿ Trabajaremos o descansaremos en el cielo ? ¿ Qué cosas habrá en el cielo y qué cosas no habrá ? ¿ Habrá una segunda oportunidad para optar por el cielo ?

En el cielo no hay pecado. Ha quedado eliminado por medio de la redención provista por Jesucristo. En Apocalipsis 22,3 leemos esto : " Y no habrá más maldición ". A causa del pecado de Adán, la maldición cayó sobre toda la creación ( Génesis 3,17-19). Pero en el cielo ya no habrá más maldición. ¡ Qué diferente será la vida sin la presencia del pecado ! En esta vida todos los días nos tenemos que horrorizar por sus efectos. A dondequiera que miremos, nos encontramos con robos, mentiras, engaños, adulterio, fornicación, homicidios - crimenes en todas las formas imaginables. Pero en el cielo estas viles manchas habrán desaparecido, y " no entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira " ( Apocalipsis 21,27).

El cielo es, por lo tanto, un lugar santo. Satanás, el príncipe de las tinieblas, ya no podrá disputar cada palmo con el Señor de la Luz y la Vida. En esa tierra más clara que el día, no entrará jamás el mal. Seremos semejantes a Cristo.

No habrá llanto, ni clamor, ni dolor, ni muerte en el cielo. No habrá lágrimas en el cielo. Dos veces en la descripción de la vida del creyente después de la muerte, se nos dice que Dios enjugará toda lágrima ( Apocalipsis 7,17 y 21,4). Las lágrimas son la evidencia de la infelicidad y del dolor, pero en aquel día no habrá más dolor.

Nuestros cuerpos de resurrección también se verán libres de enfermedades y dolencias y del dolor que las acompaña. Estas cosas son resultado de la caída del hombre, y virtualmente nadie escapa de ellas. Y para algunos, la enfermedad es algo tan angustiante, tan terrible, que claman pidiendo la muerte. Pero en el país de allá arriba, no habrá más achaques ni dolores. Tampoco habrá angustias mentales o espirituales, porque todas las dudas y temores habrán desaparecido, y los remordimientos de conciencia habrán sido extinguidos totalmente.

Puesto que el cielo es un lugar de gozo en su plenitud, no habrá tristeza. No habrá muerte, por cuanto nuestro postrer enemigo ha sido vencido y la tristeza del último adiós será algo desconocido. La muerte vino con el pecado, pero con el pecado y Satanás hechos a un lado, nuestros problemas habrán desaparecido, y la vida será algo eterno. Las campanas que doblaban a duelo para todos, por fin habrán dejado de sonar. " Enjugará Dios toda lágrima de los ojos ... " (Apocalipsis 21,4).

 

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