LA PURIFICACIÓN DEL ALMA.

El dios de este mundo ha establecido sus fortalezas y autoridades sobre toda la Tierra, y libra una ardiente batalla contra la iglesia de Cristo. Satanás trata de robar, adueñarse y destruir no solamente a la iglesia del Señor, o determinada región o país, sino a toda la tierra.

El pueblo de Israel recibió un mandato de Dios a través de Moisés antes de la conquista de la Tierra Prometida, que le decía: " Mirad, yo os he entregado la tierra; entrad y poseed la tierra.. " ( Deuteronomio 1,8). Este mandato es para nuestros días. Es la hora de conquistar todas las bendiciones de Canaán . Ha llegado el momento de conquistar la paz, la justicia, la sanidad, la bendición financiera, la restauración de familias, la salvación de las almas, milagros de providencia, trabajo, estudio, la liberación de cadenas, etc.

En el libro de Josué encontramos algunos pasos que los israelitas debieron cumplir antes de que el poder de Dios se desatara a su favor. Primeramente, debieron santificarse antes de que procedieran a cruzar el río Jordán: " Josué le ordenó al pueblo: " Purifíquense, porque mañana el Señor va a realizar grandes prodigios entre ustedes " ( Josué 3,5).

La ley de Dios declaraba que muchas cosas podían hacer que un persona se volviera inmunda; ingerir ciertos alimentos ( Levítico 11), el parto (Levítico

 

12), la enfermedad ( Levítico 13,14), tocar un cadáver ( Números 19,11-22). Dios se valió de estas diferentes señales externas de inmundicia para ilustrar la inmundicia interna del hombre como resultado del pecado. La ceremonia de purificación ilustraba la importancia de acercarnos a Dios con un corazón puro. Como los israelitas, al acercarnos a Dios debemos resolver el problema del pecado en nuestra vida.

En sus instrucciones para que nos sometamos a Dios, el apóstol Santiago 4,8 nos dice: "Acérquense a Dios, y él se acercará a ustedes. ¡ Limpiense las manos, pecadores ! ¡ Purifiquen sus corazones, ustedes que quieren amar a Dios y al mundo a la vez ! ¡ Aflígense, lloren y laméntense ! ¡ Que su risa se cambie en lágrimas y su alegría en tristeza ! Humíllense delante del Señor, y él los enaltecerá.

El gran paso es Limpiar las manos.... purificar el corazón; es decir, llevar una vida pura. Limpiese del pecado; sustituya los deseos de pecar por los deseos de experimentar la pureza de Dios. Afligíos, y lamentad, y llorad con sincero pesar por sus pecados; esto implica no tener temor de expresar profunda tristeza de corazón por las cosas negativas que se han hecho. Humillaos delante del Señor, y Él los pondrá en alto.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén