El Espíritu Santo es el representante de Dios en el mundo de hoy, aquí en la tierra. Él continúa la obra que comenzó Jesucristo. Se está moviendo entre creyentes e incrédulos de todo el mundo; en los hogares, las iglesias y las cárceles, y en países donde por siglos se ha combatido el evangelio. Está obrando en respuesta a las súplicas de los hijos de Dios en todas partes. Su obra es poderosa y continúa firmemente en la vida de los creyentes que han buscado su ayuda. Siempre tiene el control de las situaciones que se le hayan dado en oración. En un abrir y cerrar de ojos ha intervenido para desviar catástrofes, para revelar las decisiones correctas que han de tomarse, para ayudar a los cristianos a través de las más críticas circunstancias. Ha puesto sobre aviso a los creyentes, aun cuando estén separados por miles de kilómetros, para que oren o estén dispuestos a colaborar con él si es necesario. Los ejecutivos más ocupados del mundo pagarían cualquier precio por tener un jefe como Él.
En Juan 14,16 leemos: " Y yo rogaré al Padre y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque vive con vosotros y estará en vosotros ".
El amante Señor sabía la necesidad de sus discípulos. También conocía que en ellos había
amor verdadero. Para estos que le aman Él dice: " Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador". Este versículo nos presenta a las tres personas divinas. Vemos al Señor Jesucristo intercediendo ante el Padre para beneficio de sus seguidores. Tan seguro seguro será el ruego, como la contestación del Padre. " Rogaré .., y os dará otro consolador ". La distinción de las personas es clara y también la unidad de propósito. Se ve al Hijo, al Padre y al otro Consolador. Notemos que es " otro " de la misma clae, igual. Este es el sentido de la palabra en el idioma original.
Pero es " otro Consolador ", y esto sugiere que antes había uno. El Consolador anterior era Cristo; pero como El se va, se necesita otro. El Señor Jesucristo pedirá que el Padre envíe al Espíritu Santo para ser el ayudador, abogado, defensor, intercesor y consolador de su iglesia y de cada creyente individual. El Espíritu Santo llenará el avcío dejado por la presencia física de Cristo.
El objetivo del Espíritu al venir a la tierra es estar con la Iglesia y en la Iglesia, porque Jesús va a estar con el Padre. Este ayudador sería el compañero fiel e inseparable de la Iglesia y del cristiano individual. La duración de su ayuda y compañía es para siempre, por los siglos de los siglos. El sustituto divino en la tierra de Jesucristo sería y es el Espíritu Santo.
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