Tratado
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" NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS ".

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La Biblia dice: " Y yo le pediré a Dios el Padre que les envíe al Espíritu Santo, para que siempre los ayude y siempre esté con ustedes. Él les enseñará lo que es la verdad " ( Juan 14, 15 ).

A muchos creyentes hemos escuchado decir: " ¡ Cómo me hubiera gustado vivir en los días en que el Señor Jesucristo estuvo en la tierra ! ¡ Qué dicha la de aquellos que pudieron verle y oírle ". Estoy con esos hermanos. Realmente hubiera sido algo maravilloso. Hay inclusive algunos que se sienten muy satisfechos con sólo ir a las regiones del Medio Oriente donde anduvo el Señor.

Sin embargo, la iglesia tiene una gran bendición: la presencia del Espíritu Santo. Por medio de Él, gozamos de la compañía del Padre y del Hijo. La Santa Trinidad se hace una realidad en lo más íntimo de nuestro ser.

Recordemos que cuando el Señor Jesús pronunció las palabras que encontramos en el texto bíblico citado era la víspera de su muerte. Al otro día iría a la cruz. Había dicho a sus discípulos que adonde Él iba ellos no lo le podrían seguir ( Juan 13,33). También anunció el fracaso de Pedro ( Juan 13,38). Sin embargo, su consuelo quedó claro.

En sus días, los discípulos estaban ansiosos de ver al Padre ( Juan 14,8). Él tuvo que explicarles que

no necesitaban ver directamente al Padre, que verlo a Él era ver a Dios. Sus palabras a Felipe implican que ya deberían saberlo. " - Felipe, ya hace mucho tiempo que estoy con ustedes, ¿ y todavía no me conoces ? El que me ha visto a mí, también ha visto al Padre, ¿ Por qué me dices déjanos ver al Padre ? ¿ No crees que yo y el Padre somos uno ? ( Juan 14, 9).

De la misma manera ocurre con la persona del Espíritu Santo. La iglesia actual quiere ver a Cristo o hubiera querido estar en los días de su estancia en esta tierra. El Espíritu Santo podría decir: " ¿ Hace tanto tiempo que estoy con ustedes, y no me han conocido ?

Jesús dijo que las palabras que El hablaba no las hablaba por su propia cuenta ( Juan 14,10); tampoco el Espíritu habla por su propia cuenta, sino lo que oye del Padre y del Hijo ( Juan 16,13). Jesús buscaba la gloria de su Padre ( Juan 7,18 ; 8, 50 ) y el Espíritu Santo busca la gloria de Cristo ( Juan 16, 14). El Padre ordena a los hombres que oigan a su Hijo ( Mateo 17,5) y el Hijo ordena a las iglesias que oigan al Espíritu Santo ( Apocalipsis 2,7 y versículos 11, 17 y 29).

Por lo tanto, aunque anhelamos el retorno de nuestro Señor Jesucristo en forma corporal y visible; no estamos huérfanos porque otro como Él, el Espíritu Santo está con nosotros.

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