Mateo 6, 16-18 dice: " Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas. A ellos les gusta que la gente sepa que están ayunando. Les aseguro que ese será el único premio que ellos recibirán. Cuando ustedes ayunen, péinense bien y lávense la cara, para que la gente no se dé cuenta de que están ayunando. Sólo Dios, su Padre, quien conoce todos los secretos, sabrá que están ayunando y les dará su premio ".
Ayunar es no tomar alimentos con el propósito de emplear el tiempo en oración; esto es noble y dificultoso. El ayuno nos enseña autodisciplina, nos recuerda que podemos vivir con mucho menos y nos ayuda a apreciar y valorar las bendiciones de Dios. El ayuno era obligatorio para los judíos una vez al año, en el Día de la Expiación (Levítico 23,32). Los fariseos ayunaban voluntariamente dos veces a la semana para impresionar a la gente con su santidad.
Ayunar es abstenerse de gratificar cualquier apetito físico. No tiene valor alguno por lo que respecta a la salvación. Tampoco le da a un cristiano una posición especial delante de Dios. Un fariseo se jactó en una ocasión de que ayunaba dos veces por semana; pero esto no le dio la justificación que buscaba ( Lucas 18,12-14). Pero cuando un cristiano ayuna en secreto como ejercicio espiritual, Dios lo contempla y da Su recompensa. Aunque no está ordenado en el Nuevo Testamento, se alienta a ello por la promesa de la recompensa. Puede ayudar en la vida de oración al quitar el embotamiento y la sonnolencia. Es valioso en tiempos de crisis cuando se quiere discernir la voluntad de Dios. El ayuno es algo entre la persona y Dios y debería hacerse sólo con el deseo de agradarle a Él.
El Señor nos ha pedido que durante el año 2004, se practique un ayuno de alegría, en cuatro meses principales: abril, mayo, julio y octubre (Zacarías 8,18-19) " Habitantes de Judá: amen la paz y la verdad. Así serán muy felices cuando ayunen en el mes cuarto, y en el quinto, séptimo y décimo. ¡ Será como si estuvieran de fiesta ! Jesús denunció una forma de hipocresía religiosa que fue un intento deliberado de crear una apariencia de ayuno. Los hipócritas desfiguraban sus rostros cuando ayunaban para parecer desaliñados, pálidos y dolidos. Pero Jesús dice que es rídiculo intentar parecer santo.
Los verdaderos creyentes deben ayunar en secreto, sin dar ninguna apariencia de ello. Ungir la cabeza ( peinarse, pefumarse) y lavar el rostro es una excelente exhortación a actuar para aparecer ante los demás de una manera normal. Es suficiente con que el Padre lo sepa. Su recompensa en público será mejor que la aprobación de los demás.
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