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LOS ÁNGELES Y LA GUERRA ESPIRITUAL.

Número 731

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Los ángeles nos atienden personalmente. Muchos relatos de las Escrituras confirman que somos objetos de su atención individual.

Quizás no siempre nos percatemos de la presencia de los ángeles. No siempre podremos predecir cómo aparecerán. Pero se ha dicho que los ángeles son vecinos nuestros. A menudo nos hacen compañía y no nos percatamos de su presencia. Poco sabemos de su constante ministerio.

Muchas experiencias del pueblo de Dios sugieren que los ángeles han estado auxiliándolos. Quizás otros no se hayan dado cuenta de que recibían ayuda, y sin embargo la recibían. La Biblia nos dice que Dios ha ordenado a los ángeles que ayuden a su pueblo, a los que han sido redimidos por el poder de la sangre de Cristo.

En el Antiguo Testamento, Daniel describe vívidamente el encarnizado conflicto entre las fuerzas angelicales de Dios y los demonios de las tinieblas que se les oponen. Antes de que el ángel llegara de donde estaba Daniel, éste había tenido que estar afligido tres semanas : " Durante tres semanas estuve muy triste. No comí carne ni tomé vino, ni probé nada de lo que me gustaba. Tampoco me puse ningún perfume " ( Daniel 10,3). No comió pan ni carne, ni tomó vino, ni se ungió. Estando a la orilla del río Tigris, un varón vestido

de lino se le apareció. Su rostro parecía un relámpago y sus ojos como antorchas de fuego. Su voz era como el estruendo de una multitud.

Sólo Daniel vio la visión ( Daniel 10,5-13). Los que estaban con él, no. Sin embargo un gran temor se apoderó de ellos y corrieron a esconderse. Daniel cayó en un profundo sueño, si bien escuchaba la voz del ángel Gabriel. Una mano lo tocó y el ángel le describió una experiencia que acababa de tener. El ángel había salido para donde estaba Daniel en el mismo momento en que éste empezó a orar, pero un príncipe de los demonios le salió y se le opuso y lo demoró (Daniel 10,14). Entonces Miguel corrió en ayuda de su ángel subordinado y lo libró para que pudiera cumplir su misión ante Daniel. Daniel se sintió sin fuerza e incapaz de hablar, por lo que el ángel le tocó los labios y le restauró el vigor (Daniel 10, 15-19). Concluida su misión, el ángel le dijo a Daniel que regresaba a pelear contra el príncipe de los demonios en la interminable batalla que se libra entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal.

Había abogado ante Dios por los hijos de Israel. Su período de oración y ayuno había durado tres semanas. Acababa de recibir la noticia que le trajo del cielo el " ángel visitante " de que su oración había sido oída. Este incidente aclara que las demoras o el no recibir la bendición, muchas veces tienen que ver con la oposición de Satanás

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