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¡ BAÑARSE EN EL RÍO DE DIOS !

Número 704

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La Biblia describe la curación de Naamán, un general sirio que era leproso: " Naamán fue y se metió siete veces en el río Jordán como le había dicho el profeta. En seguida su piel quedó sana y suave como la de un niño. (2 Reyes 5, 14).

La lepra, muy similar al SIDA de hoy, era una de las enfermedades más temidas de la época. Algunas formas eran extremadamente contagiosas y, en muchos casos, incurables. En su peor forma, la lepra llevaba a la muerte. Muchos leprosos eran forzados a salir de las ciudades a campos de cuarentena. Ya que Naamán todavía conservaba su puesto, probablemente tenía una forma leve de la enfermedad.

El profeta Eliseo le envió un mensajero , diciendo: " Ve y métete siete veces en el río Jordán, y te sanarás de la lepra ". Naamán se enojó y se fue diciendo: Yo pensé que el profeta saldría a recibirme, y que oraría a su Dios. Creí que pondría su mano sobre mi cuerpo y que así me sanaría de la lepra. ¡ Los ríos Abaná y Farfar, que están en Damasco, son mejores que los de Israel ! ¿ No podría bañarme en ellos y sanarme ? ( 2 Reyes 5, 11-12).

Naamán, un gran heroé, estaba acostumbrado a recibir respeto y se sintió agraviado cuando Eliseo lo trató como a una persona común. Como hombre de orgullo, esperaba un trato

preferencial. El bañarse en un gran río era una cosa, pero el Jordán era pequeño y sucio. Lavarse en el Jordán, pensó Naamán, era indigno de un hombre de su jerarquía. Pero tuvo que humillarse y obedecer los mandatos de Eliseo para poder sanarse.

La obediencia comienza con la humildad. Debemos creer que el camino de Dios es mejor que el nuestro. Quizá no entendamos su manera de trabajar, pero al obedecerlo humildemente, recibiremos sus bendiciones. Debemos recordar que (1) : Los caminos de Dios son mejores; (2) Dios quiere más nuestra obediencia que cualquier otra cosa; y (3) Dios puede utilizar cualquier cosa para alcanzar sus propósitos.

Naamán se enojó porque consideró que Eliseo menospreció a su país. Las aguas de ríos de Damasco eran mejores que todas las aguas de Israel. Es cierto que Naamán podía lavarse en los ríos de Damasco y quedar limpio de suciedad, pero no curado de la lepra. El Jordán era el río indicado y, si esperaba que el poder divino le curase, había de someterse a la voluntad divina, sin preguntar por qué ni cómo.

Bañarse en el río de Dios, es seguir su voluntad, es obedecer su Palabra, la Biblia. Cuando tú te bañas en el río de Dios hay milagro, hay poder, porque es un río de abundancia y prosperidad.

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