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EN GETSEMANÍ, JESÚS RECUPERÓ NUESTRA FUERZA DE VOLUNTAD.

Número 686

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La Biblia dice que el pueblo llevaba al Tabernáculo dos machos cabríos. Uno era para la expiación del pecado. Al segundo se le debía poner en la cabeza la sangre del primero, para después soltarlo en el desierto: " Tomará luego de la sangre del becerro, y la rociará con su dedo hacia el propiciatorio al lado oriental; hacia el propiciatorio esparcirá con su dedo siete veces de aquella sangre. Y esparcirá sobre él de la sangre con su dedo siete veces, y lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel " ( Levítico 16, 14-19).

Jesús derramó su sangre en la cruz. Sin embargo, no derramó su sangre sólo una vez, sino siete veces distintas. La fuente del poder de Dios en cada uno de los aspectos de nuestra vida, se halla en la sangre derramada por Jesucristo. Él derramó su sangre en siete lugares para que usted y yo fuéramos sanos, perdonados y liberados de la esclavitud del pecado y de la iniquidad que se han metido en nuestras familias.

El primer lugar donde Jesús derramó su sangre fue el huerto de Getsemaní, en la noche de la Última Cena con sus discípulos. No es coincidencia que el primer lugar donde Jesús nos rescató o derramó su sangre redentora fuera un huerto, puesto que el primer lugar donde perdimos el poder de la bendición de Dios fue otro huerto, el del Edén.

En Lucas 22,43-46 leemos: " Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Cuando se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, los halló durmiendo a causa de la tristeza; y les dijo: ¿ Por qué dormís ? Levantaos, y orad para que no entréis en tentación ".

De los poros de Jesús salieron sudor y sangre, a causa de la ansiedad, el temor y la agitación que estaba sintiendo. ¿ Por qué es esto tan significativo ? Debemos recordar que hemos sido redimidos por su sangre. El primer Adán le entregó nuestra fuerza de voluntad a Satanás. Jesús, el segundo Adán redimió nuestra fuerza de voluntad al decir: " Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya ", mientras sudaba grandes gotas de sangre. Fue entonces cuando recuperamos nuestra fuerza de voluntad para vencer los problemas de drogas, de alcohol, de lujuria, de ira y la depresión.

Cuando el diablo se lance en contra nuestra, diciéndonos: " No puedes cambiar. No eres lo suficientemente fuerte ", tendremos la fuerza de voluntad necesaria para levantarnos en victoria, porque Jesús dijo: " No se haga mi voluntad, sino la tuya ". Gracias a que Jesús derramó su sangre en el huerto de Getsemaní, usted puede rechazar al enemigo en su vida.

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