TRES ADÚLTERAS.

En el Evangelio se detallan tres encuentros de Jesús con tres mujeres adúlteras. Tres pecadoras que, al encontrarse con Jesús, fueron liberadas de sus cadenas de pecado.

En Juan 4,1-42 se relata sobre la samaritana. Jesús se le hizo el encontradizo a la samaritana. Se le presentó como alguien que necesitaba de su ayuda, de su cántaro de agua. La mujer, agresiva, se negó a socorrerle; Jesús la venció con el lenguaje del amor. Una vez que Jesús pudo entablar diálogo con ella, puso su dedo en la purulenta llaga: le hizo caer en la cuenta de sus múltiples adulterios. Pero no la dejó hundida; le ofreció un " agua que salta hasta la eternidad ", que podía purificarle y darle nueva vida.

María Magdalena: " y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios (Lucas 8,2). María Magdalena fue una de los primeros seguidores de Jesús y por cierto que merece llamarse discípula. Una mujer enérgica, impulsiva y cariñosa, que no solo viajó con Jesús, sino que también contribuyó a las necesidades del grupo. Presenció la crucifixión y fue a ungir el cuerpo de Jesús la mañana del domingo cuando descubrió la tumba vacía. María fue la primera en ver a Jesús luego de resucitado.

María Magdalena es un ejemplo de corazón ardiente que vivió agradecida. Jesús la liberó milagrosamente cuando echó fuera de ella siete demonios. En todo cuanto se dice de ella, notamos su agradecimiento por la libertad que Cristo le concedió. Esa libertad la llevó a estar al pie de la cruz cuando todos los discípulos, excepto Juan, estaban ocultos por temor. Si quieres leer sobre ella puede hacerlo en Mateo, capítulos 27 y 28; Marcos, capítulos 15 y 16; Lucas, capítulos 23 y 24; y Juan, capítulos 19 y 20.

Cuando la anónima mujer adúltera del capítulo 8, 1-11 de Juan se quedó sola con Jesús. El le preguntó: " ¿ Dónde están los que te querían matar ? " . Esa pregunta salía sobrando porque estaba a la vista que todos habían huido. Pero esa pregunta en ese momento era el puente que Jesús había tendido para llegar al corazón de aquella atribulada mujer y entablar un diálogo. Aquella mirada compasiva de Jesús seguramente nunca más se borró de la mente de aquella mujer al borde de la muerte. AL igual que María Magdalena, la exadúltera se habría enfilado por el camino de la santidad. Porque era casi imposible haber experimentado la compasión de Dios y volver a levantar su mano contra Él. Nunca habrá olvidado sus persuasivas palabras: " Vete y no vuelvas a pecar ". Imposible volver a intentar ir por la senda del adulterio .

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

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