TESOROS PARA EL CIELO

Hace tiempo que me preocupa el creciente desinterés por el cielo entre los cristianos. Hablando con franqueza, los cristianos de algunos países viven tan bien aquí que no saben lo que es anhelar el cielo. El Señor los ha bendecido con tantas comodidades aquí en la tierra, más que a cualquier generación anterior. Existe el peligro de que lleguemos a estar tan cómodos en la tierra que nos olvidemos de que no somos más que extranjeros y peregrinos en este mundo. Como Abraham, debemos considerarnos vagabundos en este mundo, a la espera de entrar en la ciudad eterna cuyo constructor y hacedor es Dios ( Hebreos 11,10).

Los creyentes de otras culturas que no tienen esa abundancia y esas comodidades suelen pensar más en el cielo porque representa la promesa de una vida muy diferente a la que llevan aquí.

A menudo uno se encuentra con cristianos que viven como si el cielo fuese a ser un estorbo en su apretada agenda, una interrupción en sus metas profesionales o en los preparativos para irse de vacaciones.

No podemos permitirnos pensar en el cielo como algo anticuado. Si usted es creyente, el cielo será su hogar futuro, por toda la eternidad. Allí todas las cosas serán nuevas.

Debemos conocer mejor la gloria del cielo.

Tenemos que darnos cuenta, como Abraham, de que " no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la porvenir " ( Hebreos 13,14 )." Nuestra ciudadanía está en los cielos " ( Filipenses 3,20). Y nuestro corazón también debería estar allí.

Jesús nos enseñó: " Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, donde ladrones no minan ni hurtan " ( Mateo 6,20), porque " donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón " ( Mateo 6,21). Por supuesto, lo que Jesús quiere no son nuestros tesoros, sino nuestros corazones. Jesús nos aleccionaba, nos instruía para que dirigiéramos los corazones hacia el cielo, para que anheláramos la gloria celestial y, sobre todo, para que busquemos " las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios " (Colosenses 3,1).

El cielo es el dominio de Jesús. Allí fue para prepararnos un lugar donde vivir a su lado para siempre. Es esa la verdad que hace del cielo algo tan precioso para un creyente. La eternidad que vivamos allá será una eternidad en la presencia de Cristo, con quien compartiremos de forma personal ricas bendiciones y con quien viviremos para siempre, a la luz de su rostro. Este es el mayor atractivo del cielo para un cristiano que tenga puestas las prioridades en orden. " La gloria de Dios ilumina esta ciudad , y el Cordero es su lumbrera ". ( Apocalipsis 21,23).

 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén