¿ QUIÉN PUEDE IR AL CIELO ?

Toda la Iglesia es llamada a anunciar las Buenas Nuevas de Salvación: " Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la buena noticia " ( Marcos 16,15).

La primera exigencia de todo cristiano es haber tenido una experiencia de salvación. No basta haber tomado muchos cursos, estar diplomado en Teología o pertenecer a ministerios poderosos. Es necesario " haber nacido de nuevo ", como lo exigía Jesús al sabio Nicodemo ( Juan 3,3).

El cristiano no es un maestro sino un testigo: proclama a Jesús Salvador y da testimonio de que él ha sido salvado y su vida cambiada. No sólo sabe que Dios es amor. El ha tenido la experiencia personal e incondicional de ese amor. Ya tuvo su encuentro personal con Jesús y lo proclamó su Salvador personal y Señor de toda su vida. " Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí " ( Hechos de los Apóstoles 1,8).

Un fariseo y un publicano pecador subieron al templo a orar. El fariseo, puesto en pie al frente, comenzó a jactarse de todas sus buenas obras, declarándose mejor que el publicano que estaba arrodillado en la parte posterior del templo, el cual se confesaba pecador y solicitaba la clemencia divina.

 

Jesús afirma que éste y no el fariseo que se sentía bueno, fue justificado por Dios ( Lucas 18,10-14).

JESÚS AFIRMA LA IMPORTANCIA DE RECONOCERSE PECADOR DELANTE DE ÉL. TODOS SOMOS PECADORES, PERO SOLO QUIÉNES ASÍ LO RECONOZCAN DELANTE DE CRISTO PUEDEN SER PERDONADOS Y SALVADOS.

El ladrón crucificado a la derecha de Jesús no cambió de conducta, pues clavado como estaba no podía devolver nada de lo que había robado. Simplemente, Jesús cambió su vida. Entregó a Jesús su existencia e historia y recibió a cambio ese mismo día la vida en abundancia de Cristo Jesús. Al confesar a Jesús como Rey y Señor de toda su vida comenzó a experimentar el reinado de Cristo Jesús.

La conversión no significa dejar de hacer cosas malas, sino dejar a Dios realizar su obra en nosotros. La obra de Dios es que creamos en su enviado ( Juan 6,29).

La predicación de la Iglesia de los primeros siglos se centraba en Jesús y sus hechos de salvación. No se presentaba una teoría, una moral o un dogma, sino una persona viva. El Evangelio no es algo, sino alguien: Jesús muerto, resucitado y glorificado cuya acción salvífica, llega hasta nosotros ( Romanos 4,24-25; Hechos 2,36; 8,35)

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

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