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TESTIMONIOS DE PERSONAS BENDECIDAS AL DIEZMAR

Número 5

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"Traigan su DIEZMO al tesoro del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pónganme a prueba en eso, a ver si no abro las ventanas del cielo para vaciar sobre ustedes la más rica bendición. No dejaré que las plagas destruyan sus cosechas y sus viñedos. Todas las naciones les llamarán dichosos, porque ustedes tendrán un país encantador. Yo el señor Todopoderoso lo he dicho" (Malaquías 3,10-12)

Muchísimas personas dan fe de que Dios los bendice de manera maravillosa en sus negocios. Es la promesa de Dios de que su pueblo sobreabundará. Diezmadores insignes como Colgate, fabricante de Jabón y artículos de tocador; Huyler, fabricante de dulces; Rockefeller, de fama petrolera; Kraft, fabricante de queso; Baldwin, fabricante de locomotoras; Proctor, también fabricante de Jabón; Le Torneau, fabricante de maquinaria para tierra, etc., fueron jóvenes pobres que practicaban el diezmo e hicieron a Dios su socio en sus negocios.

Un libro sobre la importancia del diezmo, cayó en las manos de ALEXANDER H.KERR, cuando él era un joven comerciante y decidió probar a Dios en cuanto al diezmo, aunque su casa estaba hipotecada y tenía muchas deudas. Con el paso de los años su negocio prosperó grandemente y él distribuyó más de 5 millones de panfletos en sus envaces de frutas sobre el testimonio de su diezmo. Su compañía de envases de vidrio en San Francisco no sufrió los efectos del gran terremoto y fuego. Ni siquiera un envase se quebró, aunque todo lo demás fue devastado en un radio de dos kilómetros y medio en todas direcciones. Su fortaleza yacía en estar apoyada en la promesa de Malquías 3,10: "Diezma ... y probadme".

A.A. HYDE, millonario fabricante de mentolato, comenzó a diezmar cuando tenía una deuda de $100 000 dólares, admitiendo que Dios era su principal acreedor. Eventualmente todos sus acreedores recibieron sus pagos y él dio millones de dólares para la obra de Dios. El señor Hyde decía que debía su éxito a la práctica de diezmar.

La señora de RUSSEL SAGE comenzó a diezmar cuando era una maestra rural con un sueldo de veinte dólares mensuales. Su fortuna comenzó a aumentar hasta que en los años postreros había dado cien millones de dólares. Ella testificaba que creía que las promesas de Dios en cuanto al diezmo eran verdaderas y lo comprobó.

El primer empleo de WILLIAM COLGATE fue en una fábrica de jabón, y dio su diezmo de su primer cheque. Avanzó rápidamente, y llegó a ser socio del negocio. A los pocos años era dueño de la fábrica. A medida que sus ganancias aumentaban, también aumentaba su porcentaje de contribuciones. Subió al 20%, 30%, 50% y finalmente daba todas sus ganancias para el alfolí de Dios. La crema dental y los demás artículos de tocador que llevan su nombre son un testimonio de las bendiciones de Dios sobre el hombre que diezma.

El diezmar no es solo una forma de dar, es una forma de recibir. No hay duda de que el "alma generosa será prosperada" (Provebrios 11,25).

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