En el libro de Hechos de los Apóstoles 9,36-43, leemos que en la ciudad de Jope, en Israel, había una mujer que dedicaba sus bienes a socorrer a los pobres. Se llamaba Tabita . Y sucedió que al morirse esta generosa mujer, los pobres que ella socorría dispusieron organizarse como una especie de " SINDICATO DE SÚPLICAS " y enviaron una embajada a Pedro para que viniera a consolarlos. El apóstol se vino corriendo desde la ciudad cercana y cuando llegó a Jope encontró a todo aquel " SINDICATO " de pobres, llorando desconsoladamente. Eran viudas, huérfanos , ancianos y enfermos . Uno le mostraba el saco que Tabita le había regalado, otro le presentaba la camisa y el pantalón que ella había cosido para regalarle. Unas les mostraban los zapatos que la buena mujer les había conseguido y otras los vestidos que les había dado para sus hijos pobres. Y le gritaban al apóstol: " Ahora nos hemos quedado sin la que era para nosotros como nuestra mamá , nuestra abogada y nuestra bienhechora .." Y Pedro se conmovió y se puso a orar a Jesucristo , y llegando a donde estaba la difunta le gritó emocionado" ¡Tabita, levántate ! " y la muerta resucitó... y muchos creyeron en Cristo ante aquel milagro que obtuvieron para una bienhechora , las lágrimas y súplicas de los pobres que ella había socorrido.
Cerca de Granada, en una tienda del camino, fue dejado un niñito abandonado, con este letrero en
su cuna : " Por favor: que alguien se compadezca de este pobre huérfano ". Los campesinos de los alrededores eran muy pobres y nadie se arriesgaba a encargarse de él. Hasta que al fin un sencillo labriego dispuso llevarse al niño a su casa para criarlo . Su esposa se alarmó al verlo llegar y le echó en cara que ya tenían cuatro hijos para alimentar y que estaban muy nesecitados . Pero el hombre le respondió tranquilamente " donde comen cuatro , pueden comer cinco. Confiemos en Dios que ÉL proveerá ". Y resultó que al alzar al niño , descubrieron que debajo de la almohada habían 20 mil dólares .
No siempre Dios paga así tan inmediatamente lo que se hace por los pobres, pero sí ha prometido solemnemente por medio de su hijo Jesucristo que " quien regale a un necesitado aunque sea un vaso de agua , no se quedará sin recompensa " (Mateo 10, 42 ) . Y Dios recompensa siempre bien.
Él sabe pagar con espléndida generosidad.
San Pablo recomendaba :" No os canséis de hacer el bien, porque a su tiempo recibiréis la recompensa ". ( 2 Tesalonicenses 3, 13 ). A su tiempo, cuando menos pensemos y del modo más inesperado recibiremos las recompensas por todas las ayudas que hayamos prestado.
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