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ELISEO Y EL HIJO DE LA SUNAMITA

Número 354

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Una mujer de Sunem y su esposo abrieron su hogar al profeta Eliseo y le prepararon un aposento amueblado especial para darle alojamiento (2 Reyes 4, 10). Después que Eliseo y su criado Giezi se beneficiaron en varias oportunidades de esta hospitalidad, Eliseo se ofreció para hablar con el rey o el general del ejército en cuanto a alguna recompensa para la pareja bondadosa. La mujer, sin embargo, no hizo caso de la oferta, diciendo:" Yo habito en medio de mi pueblo".

Giezi le comentó al profeta que la mujer no tenía hijo y que su esposo era viejo. Eliseo luego ordenó a Giezi llamar a la mujer; mientras que ella se paraba en la puerta de su aposento. Eliseo le dijo," el año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo". Ella recibió el toque de la mano sanadora de Dios y dio a luz un hijo predicho.

Años después el muchacho que nació por milagro sufrió apoplegía ( cuadro clínico caracterizado por pérdida de conocimiento, debido a una embolia cerebral ) en el campo de la cosecha, fue llevado a casa, y murió (versículo 20). La mujer sunamita llevó a su hijo muerto a la cama de Eliseo, cerró la puerta y salió para buscar a Eliseo. Eliseo de

inmediato dio la orden a Giezi a correr adelante y poner su báculo sobre la cara del niño.

Pero esta medida ordenada por Eliseo no dio resultado. Cuando Eliseo llegó, entró al aposento y cerró la puerta para estar a solas con el muchacho. Allí se desató una lucha de oración, paciencia y persistencia. El profeta tendió su cuerpo sobre el cuerpo del niño, puso su boca sobre la boca de él, y por fin el muchacho estornudó y abrió los ojos.

Este relato tiene varios puntos interesantes. La mujer creyó en Dios y persistió en honrar al profeta como siervo de Dios. Eliseo encaró una lucha de fe y la necesidad evidente de identificarse plenamente con el cuerpo inerte del niño en su penoso esfuerzo a solas en la presencia de Dios. Los métodos y procedimientos normales no dieron resultado, pero la fe en la vida que proviene de Dios consiguió la victoria.

La oración de Eliseo y su método para resucitar al muchacho muestra el cuidado personal de Dios para la gente que sufre. Debemos expresar nuestra preocupación por los demás cuando les llevamos el mensaje de Dios.

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