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LOS SOLDADOS JUNTO A LA CRUZ DE JESÚS.

Número 327

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Junto a la cruz del Señor había un buen número de soldados. Tenían que soportar durante largas horas su oficio tan tedioso. Buscaron la manera de entretenerse. El Evangelio los describe jugando a los dados; están rifando la túnica de Jesús. El Señor en la cruz llora, grita, agoniza. Ellos, entre tanto, juegan, se carcajean, se burlan. Están de espaldas a la cruz.

Hay un momento en que Jesús dice:" Tengo sed " (Juan 19,28). Uno de los soldados ya no logra seguir jugando a los dados. Se levanta; moja una esponja con vinagre y se la acerca al ajusticiado para calmar su dolor. Aquel soldado, ante el grito agonizante de Jesús, ya no pudo seguir impasible. Se sintió cuestionado. Algo especial sucedió en su vida. Los demás continuaron de espaldas a la cruz con sus carcajadas y sus burlas. La cruz de Jesús debe cuestionarmos. Debe quitarnos el sueño.

Mientras los soldados lo insultaban, lo clavaban, lo trataban como a un criminal. Jesús dijo:

"Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen"(Lucas 23,34). Jesús buscó una excusa para que la ira de Dios no se descargara sobre ellos. Intercedió por ellos de manera especialísima.

Podemos llegar a acostumbrarnos a la pasión de Jesús. Hasta puede convertirse en motivo de entretención. Muchos para la semana Santa

aprovechan para pasarla bien en las playas, en las discotecas, en los lugares de recreo. Son como los soldados que están jugando a los dados, de espaldas a la cruz. Ya Jesús agonizante no les hace mella en el corazón. Ya se acostumbraron. La semana Sonta o la fiesta de Pascua, para muchos es tiempo muy propicio para las borracheras, para la lujuria. Como los soldados, de espaldas a la cruz, se carcajean mientras Jesús grita, llora, clama desde la diestra del Padre, allá en el tercer cielo.

Un centurión romano y sus soldados, al ver la conmoción de la tierra, tinieblas, exclamaron asombrados: "Verdaderamente era el Hijo de Dios" ( Mateo 27, 54 ). Una bella profesión de fe a la que se debe llegar ante la cruz.

Eran soldados, profesión que ordinariamente endurece, y cuyos pechos no se ablandan tan fácilmente por impresiones de miedo o de compasión. Pero no hay ánimo tan altivo ni tan osado que no pueda ser ablandado y humillado por el poder de Cristo. Eran romanos, gentiles y, a pesar de eso, fueron los únicos que quedaron impresionados de esta manera. Mientras los gentiles se ablandaban, los judíos se endurecían. lCuan rápidamente puede Dios, por el poder que tiene sobre las conciencias de los hombres, cambiar también el modo de hablar que los hombres tienen !

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