!TEMOR!

Aunque usted no lo crea, son pocos los hombres que no tienen temores. El hombre es el único ser viviente en la tierra que pasa sus días en un estado de desasosiego. Algunos hombres son esclavos de temores físicos; tienen miedo de perder la salud y hacen cuanto esté de su parte para mantenerse robustos. Algunos  tienen temores de carácter social; temen asociarse con otros o temen no recibir el debido reconocimiento. Con temor, muchos hombres manejan un negocio; tienen miedo de su competidor o que puedan perder el negocio o el dinero. Otros son esclavos de temores políticos; los políticos, por miedo de los votantes, a menudo violan sus principios para acomodarse a la opinión de ellos, ¿y cuántos no se preocupan de su apariencia? Tienen temor de que no puedan estar de moda y casi van a la bancarrota para poder estar al día con las últimas novedades y fantasías. Miles de personas tienen miedo de morir; para ellas la muerte es un misterio y una incógnita. Pasan la vida en la esclavitud más terrible.

Hace algún tiempo un médico dijo: "Los temores son la cosa más trastornadora que hay ." Escuché el caso de  una señora que tiene un pavor de los microbios. Prisionera de su propio temor, permanece encerrada en su casa por miedo de que se encuentre con uno. No se da cuenta de que el temor mismo es mucho más mortífero que el microbio.

Un psicólogo dice: "El temor no es natural, pero la fe lo es. De tal manera estoy hecho y formado que la preocupación y la ansiedad son como arena en la maquinaria de la vida. La fe es como el aceite. Llevo una vida mejor  por la fe y la confianza que por el temor, la duda y la ansiedad”.

Un médico del famoso hospital Johns Hopkins dice que no sabemos por qué los que viven preocupados mueren antes de los que viven una vida tranquila. Pero la realidad es que estamos formados de nervios, tejidos, células cerebrales y un alma, todo esto adaptado para una vida de fe, y no de temor. Así nos ha hecho Dios. Por lo tanto, la necesidad de tener la fe no es algo que se nos haya impuesto de manera dogmática, sino algo que la misma constitución de nuestro ser demanda. Sin la fe no podemos vivir. El vivir en constante ansiedad trae la destrucción final del cuerpo.

Jesús dijo que no hemos de temer; no hemos de estar afanosos; no hemos de impacientarnos; no hemos de inquietarnos. La Biblia enseña que esta clase de temor es pecado. "La paz os dejo, mi paz os doy... No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo" (Juan 14:27).

Las tres cosas que más preocupan a los hombres son la muerte, el juicio y la eternidad. Y éstas son preocupaciones bien fundadas, pero la fe en la obra consumada por Cristo en la cruz del Calvario y en su Palabra las hará desaparecer. Si confiamos en él, no hemos de tener miedo del juicio, porque sabemos que el creyente no vendrá a condenación.

La Biblia declara que para los que están en Cristo no hay juicio -que para ellos no hay aguijón de la muerte. "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él (Jesucristo) también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante la vida sujetos a servidumbre" (Hebreos 2:14, 15). Sus temores pueden ser desechados, sus frustraciones calmadas; sus inquietudes pueden desaparecer si hoy mismo entrega su corazón y vida a Jesucristo. Allí donde está en estos momentos puede decir "Si" a Cristo. Usted pregunta, "¿Qué debo hacer?" Lo único que tiene usted que hacer es someter su voluntad a Cristo y aceptarle como su Salvador personal. Debe confesar que usted es pecador, y entonces por la fe dejar que Cristo entre en su corazón.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén