VIII. EL INTERROGANTE DE MAYOR IMPORTANCIA

¿Qué ocurrirá entonces? ¿Despertarán los predicadores religiosos para instar al arrepentimiento y a la obediencia a las leyes de Dios? ¿Se volverán los dirigentes del mundo hacia el Creador con corazón sincero, para hacer de Dios y de su camino el fundamento de la vida nacional? ¿Empezarán los educadores, los sicólogos y los sociólogos a basar sus conceptos en el fundamento eterno de la palabra de Dios?  

 

La respuesta parece ser obvia. El ser humano no está todavía dispuesto a cambiar. Trágicamente, creyendo que las cosas eventualmente “se arreglarán”, muchos cierran sus ojos, escogiendo perseguir el placer y la acumulación de bienes materiales.

 

Aún así, se levantarán muchas voces en el mundo que dirán no se preocupen, nada grave va a ocurrir, todo va a salir bien. Los escépticos dirán que los predicadores del fin del mundo siempre abundan cuando un siglo toca a su fin. "Negaron al Eterno, y dijeron: Él no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre" (Jeremías 5:12).

 

Dios nos advierte claramente que habrá cínicos y escépticos que contradecirán y pondrán en ridículo la advertencia que Dios hace por medio de sus siervos, "… en los postreros días vendrán burladores,….diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento?...” (2 Pedro 3:1-4).

 

Nos queda ahora, el mayor interrogante: ¿Estará usted listo para ese momento? Toda persona que lea esto debe responder a esta pregunta por sí misma: ¿Es ésta la tierra en la cual he de continuar viviendo?

 

La única manera de asegurarnos de una correcta elección es aceptar al Señor Jesucristo como nuestro Salvador personal. No hay otro camino. Si usted, amigo (a) lector (a) no acepta a Jesús como Señor y Maestro de sus vidas, habrá escogido la perdición y el juicio eterno. En cambio, si lo aceptan: "Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" (1 Corintios 2:9).

 

La decisión es tuya. El futuro es ilimitado, tan maravilloso que las palabras humanas son incapaces de describirlo. Pero hay un requerimiento de admisión, y es aceptar a Jesucristo y su sangre salvadora en tu corazón y en tu vida. ¿Y el momento oportuno para tomar esa decisión? Hoy es el día aceptable del Señor

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén