VII. UN CIELO NUEVO Y UNA TIERRA NUEVA

"Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas" (Apocalipsis 21:1-5).

Al finalizar el reino milenial, después de la sublevación de Satanás y luego del juicio ante el gran trono blanco, Dios creará "un cielo nuevo y una tierra nueva". Esto no quiere decir que eliminará el cielo y la tierra actual. Se trata de una renovación. El vocablo griego utilizado es parerchomai, que significa "pasar de una condición a otra". No significa un aniquilamiento total; significa precisamente lo que dice: un cambio en la condición. Habrán de ocurrir cambios dramáticos, tales, como por ejemplo, la desaparición de los grandes océanos Atlántico y Pacífico. Pero el cambio más espectacular, el mayor de todos, será que nunca más habrá oportunidad de una rebelión contra Dios. La desobediencia y la maldad quedarán eternamente borradas del planeta tierra. Además hay otro dramático hecho para asombro de los hombres. La maravillosa nueva Jerusalén bajará del cielo, trasladando del cielo a la tierra el trono de Dios el Padre. La nueva Jerusalén será una ciudad cuadrada de 2.200 kilómetros de lado. Imaginémonos una ciudad cuya superficie es la mitad del territorio de los Estados Unidos de América! Dios cambiará su cuartel general desde el cielo a la nueva Jerusalén en la tierra, y gobernará y reinará en total justicia y amor, entre los hombres, por los siglos de los siglos.

De modo, pues, que conociendo lo que la Biblia nos anticipa respecto a lo que habrá de ocurrir en estos perturbados días, nos propone un glorioso futuro, un futuro tan sobrecogedor en su concepción que desafía toda descripción. Solamente Dios puede lograr semejante transformación, y esto es exactamente lo que habrá de ocurrir. Pronto llegará el momento en que la tierra se cubrirá con el conocimiento del Señor como las aguas cubren el mar.

 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén