LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERÁN

Nuestro Señor Jesucristo preguntó a sus apóstoles, diciendo: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:13-16, VRV 1960). Jesús declaró: “sobre esta roca –o sea, sobre la verdad que has dicho– edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18, VRV 1909).

 

Sabemos que Cristo es el Hijo del Dios viviente, que Cristo es el fundador y fundamento de la Iglesia, que la Iglesia es una institución divina y combatida por el infierno.

 

A lo largo de la historia, Satanás ha usado muchas tácticas para destruir la Iglesia. Al principio, persecución a muerte a nombre del emperador romano. Las privaciones y torturas fueron impuestas a los cristianos, las mazmorras y catacumbas se llenaron de cristianos perseguidos, las hogueras y las llamas calcinaron los cuerpos de los cristianos, las fieras devoraron a los seguidores de Jesucristo, la sangre de los cristianos corrió como ríos. Pero todo fue inútil, donde moría un cristiano se convertían diez paganos.

 

Luego, en vez de seguir persiguiendo a la Iglesia desde afuera se metió dentro de la Iglesia. En el siglo III el emperador Constantino hizo profesión de fe cristiana, el ejército imperial fue bautizado en masa, los ricos, los grandes, los potentados, todos querían llamarse cristianos; y claro está, el llamarse cristiano vino a significar muy poco, sin un precio que pagar, sin una transformación que experimentar. Surgen las jerarquías: el clericalismo, el papado, la gloria mundanal, y la fuerza política en la Iglesia.

 

Satanás logró dividir el cuerpo de la Iglesia en dos grupos: el clero, la poderosa minoría que todo lo controló hasta el alma del feligrés; y la feligresía que quedó inactiva, ya nada podía hacer, ni siquiera orar, pues le escribían las oraciones para que las rezaran. Satanás, volvió a perseguir a los verdaderos cristianos con la llamada Santa Inquisición.

 

Cuando había cristianos valientes que no se plegaban ni se doblaban a la nueva autoridad jerárquica y mundanal de la Iglesia eran perseguidos. Tenían que huir, esconderse, vivir en cuevas y catacumbas, perseguidos por esta iglesia apóstata, embriagada de la sangre de los santos y de los mártires de Jesús. Hasta que un día un fraile leyendo la Biblia le iluminó la verdad evangélica y clavó 95 tesis en la puerta de su iglesia en Winterberg, Alemania; y desde su púlpito comenzó a predicar el Evangelio y surgió el gran movimiento de la Reforma. La Iglesia venció, las puertas del infierno no prevalecieron, porque es Cristo y Él es invencible.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén