EL MAYOR DIAMANTE DEL MUNDO.

… afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo. 1 Pedro 1:6-7

 

En el año 1905, en una mina de África del Sur, se halló el mayor diamante descubierto hasta hoy (621 g), el Cullinan, el cual fue regalado al rey de Inglaterra. Como todavía se hallaba en estado bruto, primero fue entregado a un diamantista de Ámsterdam para que lo tallara. Éste tomó la preciosa piedra y perforó un agujero minúsculo en el que dio un vigoroso golpe con el buril. ¡El diamante estalló!

Esto podría parecer una locura, una pérdida irreparable. ¡Pero no! El diamantista conocía bien la piedra, había estudiado las vetas y había reflexionado durante mucho tiempo en lo que debía hacer para mostrar todo su valor. Los que le entregaron el diamante confiaron en él, y él, con extremada habilidad y no por casualidad, hizo lo único que era necesario hacer para que el diamante mostrara todo su esplendor.

A veces Dios actúa del mismo modo en nuestras vidas. Permite un golpe terriblemente duro, lo cual puede parecer inútil, pero a sus ojos nuestra alma es una valiosa joya. Todo golpe que Dios permite es para nuestro bien. En vez de rebelarnos, inclinémonos bajo su fuerte mano y confiemos en su sabiduría y amor. A veces, sólo mucho tiempo después podemos agradecer y alabar al Señor por las pruebas que permite en nuestra vida (Salmo 50:15).

Una de las piedras sacadas del Cullinan adorna la corona imperial de Inglaterra, otra el cetro real.

El objetivo de Dios es que cada uno de los suyos, moldeado por su paciente trabajo, contribuya a la gloria de su Hijo Jesucristo, quien un día será reconocido como el Rey de reyes.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén