EL VALOR DE UN ALMA

Los islamistas tienen incluso sus propias gestorías para buscar a los autores de atentados suicidas. Lo alarmante es el poco valor que ellos le dan a la vida.

Una agencia que intermedia con los autores de atentados suicidas, pide por sus servicios un equivalente de 108 euros. Si partimos de la base que en un atentado de ese tipo unas 50 personas pierden la vida, el valor de una persona llega a 2,20 euros. De esto informó ideaSpektrum en su edición 44/2013, citando a Klaus Rieth de Stuttgart, Alemania, quien es miembro del consistorio: “Este cálculo cínico muestra claramente que es hora de hablar sobre las imágenes que tenemos de Dios.” La idea de un Dios que desea la muerte y la venganza debería ser confrontada con la de un Dios que, en Jesucristo, venció la muerte y la enfermedad, y cuya voluntad es la reconciliación y la sanación. 

A los que están dispuestos a inmolarse, la “Agencia de la Muerte” y los maestros del Corán les prometen el paraíso. ¿Por 2,20 euros al paraíso? ¡Qué pobre debe ser una religión de ese tipo! Cuán diferente es, entonces, el Dios verdadero, un Dios que es amor. Los fariseos y escribas acusaron a Jesucristo de recibir a los pecadores y de comer con ellos (Lucas 15). Quien cree en Jesucristo no necesita odiar ni matar a nadie para entrar al paraíso. La humilde entrega al Señor es suficiente para tener comunión con Él.

En este contexto, Jesucristo contó tres parábolas. Las mismas nos muestran el gran valor que un alma tiene para Dios. En la primera parábola, el Señor Jesús menciona a cien ovejas, de las cuales una se pierde. El dueño abandona las 99 ovejas restantes y va a buscar a la perdida, para salvarla y para traerla a casa con gozo. Una oveja de cien es el uno por ciento. Ese uno por ciento no le es indiferente a Dios, sino que vale tanto como el rebaño entero. No quiere que ninguna se pierda. La segunda parábola trata de una mujer que tiene diez monedas y pierde una. Ella da vuelta la casa para volver a hallar la moneda perdida. Después de encontrarla, llama a sus amigas y vecinas, para alegrarse junto con ellas por haber vuelto a encontrar la moneda. Una moneda de diez es el diez por ciento. La parábola número tres habla de un padre que tiene dos hijos. Uno de ellos deja al padre y se va a un lugar extraño. Pero, el padre lo espera. Y cuando, después de un largo tiempo, el hijo regresa empobrecido y desaliñado, el padre lo recibe con todo su amor y celebra una gran fiesta. Un hijo de dos es el cincuenta por ciento.

Dios tiene sólo un hijo, el Unigénito, y Él Lo dio en su totalidad – el cien por ciento. Dios da el cien por ciento por el uno por ciento, por el diez por ciento, o por el cincuenta por ciento – cada ser humano tiene un valor infinito para Dios.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén