¿SE DEBE ORAR POR LOS DIFUNTOS?

La Palabra de Dios es muy clara para establecer que después de la muerte, no existe nada que las personas que quedan en este mundo puedan hacer por los que partieron a la eternidad, ni aún ellos en su nuevo estado (despojados de sus cuerpos mortales) pueden hacer algo por ellos mismos.

El engaño más grande que ha hecho el catolicismo romano, es la invención de un estado llamado “Purgatorio”;  y lo digo con propiedad, pues durante más de 25 años fui un laico católico, incluso realicé estudios religiosos en Educación Religiosa. Este “supuesto Purgatorio”, ha sido el negocio más bueno y detestable de Roma, que le ha generado millonarias fuentes de ingresos, porque se han atribuido el poder, la facultad de sacar y liberar a los muertos desde ese supuesto estado de tormento, por medio de misas, rezos, penitencias, indulgencias, por las cuales, tristemente, millones de católicos tienen que pagar determinada suma de dinero. Muchos son los ricos que dejan testamentos y donan grandes riquezas a la Iglesia Católica para obtener las indulgencias que les otorga para supuestamente liberarlos de años de Purgatorio.

La Biblia nunca habla de un lugar adonde uno puede ir para ser purificado de su pecado. Más bien habla de una Persona a quien podemos acudir para ser purificados: Jesucristo. Dios nos dice que quienes rehúsan confiar en Cristo para ser limpiados de sus pecados, son condenados: “El que cree en él no se pierde; pero el que no cree ya se ha condenado, por no creerle al Hijo Único de Dios” (Juan 3:18). Hay sólo dos posibilidades de elección: El que cree al Hijo vive de vida eterna; pero el que se niega a creer no conocerá la vida, siendo merecedor de la cólera de Dios (Juan 3:36; Cualquiera que acepte a Cristo es salvado completamente: “Ahora, pues, se acabó esta condenación para aquellos que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1). Al decir que no hay condenación, ciertamente elimina las llamas del purgatorio.


Otro pasaje que claramente excluye la idea del purgatorio es: “No me acordaré más de sus errores ni de sus pecados” (Hebreos 10:17). Si, como dice la Biblia, Dios no se acuerda de los pecados de quienes están en Cristo, entonces El no los castiga por esos pecados. De lo contrario, significaría que Cristo no pagó completamente por ellos, y que Dios el Padre todavía los recuerda.

 

La idea de que el sacrificio de Cristo no es suficiente para limpiarnos de todos nuestros pecados condenaría a un gran pecador -como el ladrón que fue crucificado al lado de Cristo- a sufrir por largo tiempo en el purgatorio, ¡o quizá por toda la eternidad en el infierno! Pero, no hay nada que no haya sido cubierto por la muerte de Cristo en la cruz. Cuando el ladrón puso su confianza en Cristo, éste le dijo: “En verdad, te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).


ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén