¿CÓMO ENTRAR AL CIELO?

Jesús dijo: «De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mateo 18:3). Las Escrituras apoyan de definitivamente la creencia en la vida después de la muerte y la existencia de un lugar que se llama cielo. No hay duda alguna de que nuestro Señor y sus apóstoles enseñaron estas verdades,

El cielo es un lugar real al cual Jesús quiere llevarnos: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado;…”.  (Juan 17,24). La tierra es un lugar, pero es inestable, pasajera, insegura. El cielo es permanente y seguro: “porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir” (Hebreos 13,14). La tierra es un lugar de peregrinaje, mientras que el cielo es una ciudad permanente, planeada por Dios, edificada por Dios, cuyos fundamentos son tan firmes como el trono de Dios (Hebreos 11,8-10). El cielo es un lugar, no es algo etéreo, sin localizar. Jesús dijo: “voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14,2). Además, prometió cuando Él se fuere, venir a recogernos, para llevarnos a ese lugar” (Juan 14,3). Jesús prometió llevarse al Paraíso a un ladrón arrepentido y moribundo que estaba en la cruz, junto a Él (Lucas 23,43). Llama la atención que Esteban, el primer mártir, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, en medio de una muerte cruel, tuvo una visión real del cielo, momentos antes de morir (Hechos 7,55-60).

¡Cuánto énfasis hace sobre el cielo el divino maestro! Jesús quiere que nuestros corazones estén allí. La seguridad está en el cielo. Pon tus valores en el cielo. Allí no brotarán lágrimas de tu corazón, ni lo van a partir las penas, no habrá pérdidas, ni amargura. El cielo es para Jesús un lugar real. El hogar y el lugar en que mora el Padre.  

La idea popular, según encuestas recientes, es que las personas buenas van al cielo, y la mayoría de los encuestados consideran que sus propias posibilidades de ir son buenas. Hay muy pocos que no desean ir al cielo. La mayoría basa su esperanza en su conducta en esta vida, independientemente de su relación con Cristo. ¿Es esa una esperanza válida? En este asunto volvemos a las Escrituras para hallar una respuesta autorizada. La Palabra es inequívoca: «No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero» (Apocalipsis 21:27) En el libro de la vida están registrados los nombres de aquellos que se han arrepentido de sus pecados y ejercitado una fe salvadora en Cristo como Redentor y Salvador. Recuerda que nosotros decidimos si nuestros nombres estarán escritos o no allí. ¿Por qué no te aseguras completamente del cielo abriendo tu corazón a Cristo el Salvador y Señor ahora mismo, invitándole a que entre, que lo limpie de pecado, y que lo convierta en su morada permanente?

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén