EL LADRÓN QUE ORÓ A JESÚS, PERO SE PERDIÓ.

“--¿No que tú eres el Mesías? Sálvate tú, y sálvanos a nosotros también” (Lucas 23, 39).

Una característica de uno de los ladrones que estaba en la cruz, junto a Jesús, es que quería ser salvo, incluso le pidió a Jesús que le salvará; y con todo se perdió. Esta afirmación puede sobresaltarte, pero al leer este relato, en el texto inicial de este tratado,  verás que es trágicamente verdad.

Este ladrón pidió a Jesús que lo salvara; y con todo se perdió. Rehusó ser salvo de la manera que Dios ha designado, y buscaba otra manera de salvación, no por la muerte de Cristo. No sabía que si Cristo se salvaba a sí mismo no podía salvar a otros. La teología moderna se mofa de esta muerte sustitutiva y habla de seguir el ejemplo de Cristo. Esta fue la equivocación del ladrón que no se arrepintió. Quería ser salvo, pero no por medio de la muerte de Cristo en la cruz. Por esto dijo: “Sálvate a ti mismo y a nosotros”.

Sólo hay un modo de ser salvo: por medio de la muerte expiatoria y la resurrección del Señor Jesucristo. Tú no podrías pagar el precio del pecado y salvarte a ti mismo, por lo que Jesucristo tuvo que morir en tu lugar, para salvarte la vida. ¿Eres tú como este ladrón, culpable, y bajo condenación, que rechaza todavía  ahora a Jesús, cuando está tan cerca de ti? ¿Estás deseando ser salvo? Todos los hombres desean la salvación y esperan ser salvos algún día, y a pesar de todo, muchos se van a perder porque no actúan en el momento en que se sienten llamados.

Pablo dice, en Efesios 2,9 sobre la salvación, que ella no es “por obras, para que nadie se gloríe”. La Biblia subraya el valor de las buenas obras que resultan de una persona salvada, pero ellas no prejuzgan la salvación y no forman parte de su estructura. Sólo Dios puede resolver la cuestión del pecado; sólo Él puede hacernos pasar desde el poder de las tinieblas al reino de su Hijo bienamado. La salvación, pues, es imposible de realizar, incluso por el mismo Dios infinito, si no es a través del mismo Jesucristo. Por ello un simple acto de fe en Jesucristo abre en toda su amplitud el acceso al poder y la gracia infinitos de Dios. La palabra creer, representa todo lo que un pecador puede hacer y todo lo que debe hacer para salvarse. Creer en Cristo es la única condición de la salvación. Los que no creen están condenados. El sacrificio de la cruz ha satisfecho a Dios para siempre. La salvación se ofrece a todos aquellos pecadores, que sin méritos, sin fuerzas, han creído de una vez por todas, en su Hijo Jesucristo.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén