ESTUVO CERCA DE JESÚS, PERO SE PERDIÓ.

Uno de los criminales que estaban clavados junto a Jesús también lo insultaba: --¿No que tú eres el Mesías? Sálvate tú, y sálvanos a nosotros también. Pero el otro hombre lo reprendió: --¿No tienes miedo de Dios? ¿Acaso no estás sufriendo el mismo castigo? Nosotros sí merecemos el castigo, porque hemos sido muy malos; pero este hombre no ha hecho nada malo para merecerlo (Lucas 23, 39-40).

Una lección que podemos aprender de uno de los ladrones de la cruz, que estaban cerca de Jesús, es que un hombre puede llegar muy cerca del Salvador y perderse. Este ladrón estaba tan cerca de Jesús que podía oír sus palabras, ver su sufrimiento, observar su agonía. Si sus manos no hubieran estado clavadas a la cruz, probablemente habría podido tocarle. Tiene que haber estado muy cerca, pues los dos ladrones pudieron llevar a cabo una conversación por encima de los gritos de la multitud que rodeaba la cruz. Pero a pesar de estar cerca, no lo estaba bastante. Una persona puede haber nacido y haber sido criada en un hogar cristiano, habérsele enseñado el nombre de Jesús desde la infancia, haber aprendido a leer la Biblia y orar, e ir a la iglesia y, con todo, perderse. 

En ciertas ocasiones puede que hayas estado especialmente cerca del Señor. Puede que la muerte de la madre o algún ser amado, te haya hecho dar cuenta súbitamente de la brevedad de la vida, y hayas sentido que te has de preparar para la eternidad. Durante un tiempo, mientras tu corazón estaba enternecido, quizás incluso has llorado. Estabas cerca, pero como no hiciste nada, esta ternura y esta convicción te han dejado, y has regresado a tu estado de indiferencia. O quizá fue bajo la predicación de algún mensajero de Dios durante algún avivamiento o algún otro servicio, que te hizo sentir la urgente necesidad de hacer una decisión para Cristo. Tus pecados te turbaban y te sentías redargüido, y lloraste otra vez, pero una vez más no hiciste nada, y hoy, todavía, tu corazón está frío y es indiferente. O quizás, escuchando la radio, o a través de un tratado bíblico que llegó a tus manos, el Espíritu Santo tocó tu corazón. Quizás en este momento, escuchando o leyendo estás palabras, se ha despertado en ti un sentimiento de necesidad y una conciencia del peligro de ir aplazando la salvación.  Estás cerca, pero el estar no basta. ¿No quieres ahora, antes que pase ese sentimiento de convicción, quizá por última vez, decir sí al Salvador y resolver el asunto de una vez para siempre? La decisión está en tus manos. La Biblia dice: “Si oyereis hoy su voz,  No endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3,15).

Hoy, justamente, hoy, es el día de tu decisión. No le de más largas al asunto. Decídete ya, porque esto es un asunto de eternidad.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén