EL MORIBUNDO QUE RECHAZA LA SALVACIÓN.

“Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación?” (Lucas 23, 39-40).

Hoy quiero subrayar una característica notable en el hombre que rechazó a Cristo.

Un hombre puede rechazar a Cristo en su mismo lecho de muerte. Aquí cuelga un ladrón, clavado de la cruz, moribundo. Y aunque ve la muerte mirándole a la cara, ultraja y se burla del Salvador del mundo. Yo creo que este hombre tenía que haber visto y oído a Jesús antes, e incluso se había sentido convicto por las palabras que Jesús hablaba a las multitudes. Tuvo que haber conocido a Jesús porque sabía quien era. Oigámosle cómo dice a Jesús: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”.  Sin duda, conocía a Cristo, y ahora estaba colgado a su derecha. El hecho es que las conversiones auténticas en el lecho de muerte son raras. Hay pocas personas que se salvan en la hora de su muerte. Alguien ha dicho oportunamente:  “La Biblia solo registra una sola conversión a la hora de la muerte; una, para que nadie pierda la esperanza, y una sola para que nadie pueda sentirse seguro de poder esperar”.

Y toda circunstancia está en contra del hecho de ser salvo en la última hora. Hoy son más y más los hombres y mujeres que mueren de modo repentino, sin aviso previo, por ataques cardíacos, hemorragias cerebrales y numerosas enfermedades distintas. Y en cuanto a los que transcurren por largos períodos de enfermedad antes de la muerte, la realidad es que los tales siempre esperan que vayan a mejorar, y no esperan morir. Cuando uno se pone tan enfermo que el fin parece inminente, en general no se está en un estado mental para pensar en el asunto de salvación. El enfermo está ocupado con su fiebre, su dolor y sufrimiento, y muchas veces su conciencia está alterada con fármacos que se le han administrado para aliviar el dolor. Puede hallarse medio delirante o en estupor o en estado de coma. Si un hombre que está en poder de sus facultades mentales, y gozando de buena salud no hace frente al asunto de la salvación, hay pocas razones para creer que lo hará cuando su voluntad está alterada por el dolor, la fiebre, el delirio y la enfermedad en sí. Muy pocos de los que esperan hasta la ultima hora para decidirse por Cristo llegan a hacerlo. Si puedes rechazar a Cristo hoy, te será más fácil rechazarle mañana. No en vano la Escritura nos dice: “….ahora es el día aceptable;  ahora es el día de salvación” (2 Corintios 6,2). 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén