APOCALIPSIS CAPÍTULO 22. BENDICIONES DEL CIELO

“Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad y de las cosas que están escritas en este libro” (Apocalipsis 22,19).

El último capítulo del Apocalipsis comienza con una descripción de las bendiciones que están dentro de la nueva Jerusalén. Allí están el río de agua viva, el árbol de la vida, el fruto del árbol y sus hojas. Por encima de todo, allí está el trono de Dios y del Cordero, es decir, la presencia misma de Dios que, a fin de cuentas, es lo más importante de todo. Allí los santos reinarán por toda la eternidad. No habrá maldición, los santos servirán al Señor y verán su rostro, disfrutando de íntima comunión con Él. La luz de la gloria de Dios proporcionará toda la iluminación necesaria para la vida en la santa ciudad.

Apocalipsis 22 reitera el mensaje central del libro, o sea, la segunda venida de Cristo en gloria. A la luz de esa verdad hay varias exhortaciones finales. La primera de ellas concierne a la necesidad de guardar las palabras de la profecía del Apocalipsis; también presenta la necesidad de practicar verdadera adoración. Sólo Dios debe ser adorado con la exclusión de todos los demás seres, sean estos hombres, ángeles u objetos. Hay una declaración tocante al cumplimiento cercano del Apocalipsis y una advertencia acerca de la actitud del hombre. Cristo anuncia personalmente su venida como Juez Soberano de la creación y pronuncia una bienaventuranza para los que practican la santidad en anticipación de la entrada en el reino eterno. Aquellos que no han acudido al Mesías para ser limpiados de sus pecados no entrarán en la nueva Jerusalén.

Quizá el libro del Apocalipsis, por su misma naturaleza, se preste a que falsos maestros lo adulteren. Es por eso que en 22,18 y 19 hay una seria advertencia contra quien se atreva a cometer un acto semejante. Quien tenga la osadía de hacerlo es porque no ha nacido de nuevo, y por lo tanto, no tiene parte en el árbol de la vida y, por supuesto, no tiene entrada en la ciudad celestial.

El libro de Apocalipsis termina con una solemne advertencia y una petición urgente. La venida del Señor por los suyos ocurrirá pronto. Podría suceder en cualquier momento, y será tan repentina que no habrá tiempo para arrepentimiento de último minuto.  Por tanto, ahora es el momento oportuno  de salvación.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén