APOCALIPSIS CAPÍTULO 18. LA CAÍDA DE LA GRAN RAMERA

“Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia….” (Apocalipsis 18, 1-2).

En el mundo solo hay una ciudad que ha sido conocida desde hace más de 2000 años como LA CIUDAD DE LAS SIETE COLINAS O SIETE MONTES, y esa ciudad no es ni Estambul, ni Jerusalén, ni París, ni ninguna otra, SOLO ES LA CIUDAD DE ROMA, en Italia, y si el Apocalipsis dice bien clarito que la gran ramera tiene su sede (se sienta) sobre siete colinas, entonces es que esa iglesia falsa es la IGLESIA DE ROMA.

En Apocalipsis 18 se predice la destrucción por fuego de la capital de esa gran ramera, Roma, y el pasaje profético dice que cuando esa ciudad sea destruida en una sola hora, NUNCA MÁS SERÁ HALLADA (verso 21). Esto significa sencillamente una DESTRUCCIÓN TOTAL, es decir, la destrucción será de tal magnitud, que NADA de esa ciudad quedará en pie, todo será abrasado, reducido a cenizas y desaparecerá para siempre, no quedando ni un solo habitante y ni un solo edificio en esa maldita ciudad.

“Porque en una hora han sido consumidas tantas riquezas. Y todo piloto, y todos los que viajan en naves, y marineros, y todos los que trabajan en el mar, se pararon lejos; …Y echaron polvo sobre sus cabezas, y dieron voces, llorando y lamentando, diciendo: !!Ay, ay de la gran ciudad, en la cual todos los que tenían naves en el mar se habían enriquecido de sus riquezas; pues en una hora ha sido desolada!” (Apocalipsis 18,15 y 19). ¡Así será el final de la iglesia del anticristo, la gran ramera!, su capital, Roma, será destruida por fuego en una sola hora, y dejará de existir.

Observe ahora algo muy interesante: la profecía dice que todos los pilotos que tienen naves en el mar se pararán lejos, cuando vean la destrucción por fuego de Roma, la capital de la gran ramera, lo cual significa que dicha ciudad está cerca del mar, de tal manera que los navegantes podrán ver su destrucción por fuego, viendo ascender el humo de su incendio al cielo. Esto demuestra sin ninguna duda que dicha ciudad es imposible que sea Jerusalén, ya que esta ciudad está muy lejos del Mar Mediterráneo, sin embargo, ¡encaja perfectamente con la ciudad de ROMA, la cual está a pocos kilómetros de la costa del Mediterráneo!. 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén