APOCALIPSIS CAPÍTULO 15. SIETE ÁNGELES Y SIETE PLAGAS.

“Vi en el cielo otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios” (Apocalipsis 15,1).

Los capítulos 15 y 16 constituyen una unidad en la que uno introduce al otro. De hecho, 15:1 menciona a siete ángeles con las siete últimas plagas y 16:1-21 describe a los ángeles que derraman sobre la tierra, cada uno de ellos, una de las siete copas de la ira de Dios. Este componente de siete plagas constituye el último ciclo en la serie interconectada de sietes: sellos, trompetas y plagas. Una vez más, vemos que esta unidad concluye con una clara referencia al juicio de Dios sobre los incrédulos. El ciclo de sellos contiene la frase la cuarta parte de la tierra (6:8); el ciclo de las trompetas utiliza el término un tercio para sugerir una destrucción parcial (8:7). Este último ciclo, sin embargo, acaba en un juicio completo y total. Cuando el séptimo ángel ha derramado su copa, una voz poderosa procedente del trono de Dios dice, «¡Se acabó!» (16:17).

En este capítulo se pone de manifiesto la preparación divina  para la ejecución de los juicios que han de consumar la ira de Dios sobre los habitantes de la tierra. Esa consumación se realiza mediante el derramamiento del contenido de las siete copas con las siete plagas postreras.

En su visión, Juan contempla un mar de vidrio mezclado con fuego en el que aparecen los mártires de la tribulación que resistieron a la bestia y se negaron  a someterse a sus exigencias. Delante de la presencia de Dios entonan el cántico de Moisés y el cántico del Cordero. De ese modo reconocen varios de los atributos de Dios: (1) Su omnipotencia; (2) Su justicia; (3) Su verdad; (4) Su soberanía; (5) Su santidad; (6) Su dignidad de ser universalmente adorado.

Finalmente, el apóstol ve el templo o lugar santísimo del tabernáculo del testimonio que está abierto en el cielo. Del lugar santísimo salen siete ángeles con las siete plagas postreras. Los ángeles visten atavíos reales y se preparan para ejecutar la orden divina. El lugar santísimo se llena de humo a causa de la presencia de la gloria de Dios. Durante la ejecución de los juicios, nadie tiene acceso a la presencia de Dios. Esos juicios son inapelables. Dios ha de reivindicar su causa y reclamar el derecho de soberanía sobre su creación. 

La misericordia y paciencia de Dios para con los seres humanos ha sido probada a través de los siglos, pero llegará el momento en que el hombre debe saber que no se puede seguir burlando del Creador. ¡Vienen los juicios finales del Señor! 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén