APOCALIPSIS CAPÍTULO 14. EL GOZO ANTICIPADO POR LA VICTORIA DEL CORDERO.

“Después miré, y he aquí el Cordero estaba en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente” (Apocalipsis 14,1).

Este capítulo es una descripción anticipada de la victoria del Cordero y sus seguidores. Juan contempla al Cordero victorioso rodeado de los 144 mil que, sin duda, son los mismos que fueron sellados en el capítulo 7. Desde el comienzo de la segunda parte de la tribulación, no los habíamos visto mencionar desde que difundieron el evangelio durante la primera parte. Ahora, los hallamos en el monte Sion, en el cielo, cantando un cántico nuevo.

Juan prosigue con el desarrollo del juicio divino. Tres ángeles proclaman anuncios divinos a los “habitantes de la tierra”. El mensaje del primero es llamado nada menos que “el evangelio eterno”. Este es el primer mensajero angelical y único en la historia del mundo que Dios usa para proclamar el único evangelio. En medio de la tribulación, cuando Satanás está procurando destruir toda la fe en Cristo, Dios envía un ángel para proclamar a todos los moradores de la tierra que la fe personal en la muerte y resurrección de Jesús puede salvarlos. El segundo ángel proclama la caída de Babilonia, fuente de todas las falsas enseñanzas religiosas desde Nimrod hasta el anticristo y el falso profeta. El tercer ángel anuncia el juicio definitivo de Dios sobre los adoradores de la bestia. Advierte a la población de la tierra acerca de las mentiras de Satanás y su falso profeta, y de no aceptar la marca de la bestia. Será inevitable el juicio que vendrá sobre los que reciben esta marca.

Los versículos 10 y 11 enseñan una horrorosa realidad, sobre el castigo eterno de los que mueren sin Cristo. Los Testigos de Jehová aducen que cuando al gente muere, sus almas también mueren con ellos. Sin embargo, el versículo 11 dice que las almas echadas al lago que hierve con fuego y azufre serán eternamente atormentadas, y el humo asciende por siempre y siempre. El castigo de los perdidos será por siempre. Sus almas sin reposo continuarán experimentando la ira de Dios eternamente. En contraste, el versículo 13 dice que es bienaventurado el que muere en Cristo. Esta es una de las promesas divinas más alentadoras para los santos de la tribulación. Finalmente, otro ángel anuncia  la cosecha de grano (versos 14-16) y la vendimia o cosecha de uvas (versos17-20) que son símbolos del juicio divino final (Jeremías 51,33; Joel 3.13; Mateo 13.39-42). 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén