APOCALIPSIS CAPÍTULO 9. LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA.

"El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo" (Apocalipsis 9,1).

Este capítulo presenta  los juicios de la quinta y sexta trompetas. 

Con la quinta trompeta se abre el pozo del abismo. De allí sale una invasión de langostas infernales que atormentan a la humanidad durante cinco meses.  En su desesperación, los hombres buscan  la muerte pero no logran morir. La descripción dada por Juan no da lugar a dudas. Se trata de una invasión demoníaca. El jefe de dicha invasión es el ángel del abismo cuyo nombre es Abadón en hebreo y Apolion en griego, es decir, el destructor. Tanto él como su ejército son especialistas en destruir. La historia dice que los soldados romanos eran tan disciplinados frente al dolor que a menudo ni gritaban cuando les cortaban alguno de sus brazos. Sin embargo, cuando el ejército romano conquistó a Egipto, muchos soldados fueron picados por escorpiones, y aunque tales soldados estaban endurecidos, la picada les causaba un dolor tan horrible que proferían gritos de desesperación. ¡Imaginemos el terror de los hombres cuando estas gigantes langostas demoníacas salgan sobre la tierra!

La sexta trompeta descubre la situación de cuatro ángeles que han estado preparados para entrar en acción al frente de ejércitos cuyo número es de 200 millones. Tanto los jinetes como los caballos sobre los que cabalgan emiten a través de sus bocas fuego, humo y azufre. Como resultado de esas plagas, una tercera parte de los habitantes de la tierra muere. A pesar de todas esas calamidades, los seres humanos persisten en sus pecados. La idolatría y el satanismo continúan a un ritmo acelerado.

Los sobrevivientes de los mencionados juicios no sólo actúan contra Dios, sino que también lo hacen contra sus propios semejantes. Practican el homicidio, es decir, asesinan a sus propios semejantes. Continúan en sus hechicerías, o sea, utilizan drogas, con fines esotéricos y para actos de brujería. No abandonan la inmoralidad ni los hurtos, sino que persisten en ellos.

El texto da a entender que estos juicios van encaminados a llamar al hombre al arrepentimiento. Dos veces, sin embargo, se desata  el hecho de la dureza del corazón del ser humano. En el versículo 20 dice: “ni aun así se arrepintieron..”, y en el versículo 21: “y no se arrepintieron de sus homicidios,...”. El rechazo de la luz deja al hombre en las más densas e impenetrables tinieblas espirituales. 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén