¿SE REENCARNÓ ELÍAS EN JUAN EL BAUTISTA?

El Espíritu Santo, el 1 de marzo del 2010, a través de la profeta Adriana dijo: “Ustedes deben de cortar la reencarnación, porque es un engaño”. Ante esta petición del Espíritu Santo, no quiero guardar silencio, y en nombre de la defensa Bíblica quiero enfilar las baterías para contrarrestar esta enseñanza diabólica.

La palabra reencarnación  viene de la combinación de las palabras latinas re e incarnate, lo que quiere decir: “Volver nuevamente a la carne”. Se cree que, después de la muerte, el alma, o algún poder individualizado, pasa a otro cuerpo. Dicen también, que las personas renacen una y otra vez a los largo de los siglos, y que la posición o condición que uno goza (o que soporta) en cada nueva vida es una consecuencia de la conducta de esa persona en vidas pasadas.

¿Enseña la Biblia sobre la reencarnación? ¿Fue Juan el Bautista la reencarnación de Elías el profeta? Hay algo que debe quedar bien claro. En ninguna parte de la Biblia se enseña sobre la reencarnación, si respecto a la resurrección. No hay ningún documento que demuestre que esta creencia pagana formó parte de las enseñanzas originales del evangelio.

Los reencarnacionistas, a la pregunta sobre quién era Juan el Bautista, utilizan la Biblia para afirmar su posición. Ellos relacionan a Juan el Bautista con el antiguo profeta Elías. En aquellos días había una creencia común dentro del pueblo judío de que el profeta Elías regresaría para “restaurar todas las cosas” antes de la venida del Mesías. En este contexto, en los Evangelios hay tres referencias a Juan el Bautista. Muchos han interpretado que aquí Jesús está hablando de la reencarnación. 

La primera es Mateo 11,14 dice: ”Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir”.  Posteriormente en el mismo Evangelio, en Mateo 17, 12 y 13 Jesús dice de nuevo: "Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.   Esto mismo se repite en  Marcos 9,13: “Pero os digo que Elías ya vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él”. 

En conformidad con la última expresión del anterior versículo “como está escrito de él”, uno podría pensar que en efecto se trataría de Elías reencarnado. Sin embargo, el asunto decisivo aquí es la siguiente pregunta: ¿cómo regresó Elías? De acuerdo a las reencarnacionistas la muerte debe preceder a la reencarnación. ¿Cómo explicamos esto cuando sabemos que el profeta Elías nunca pasó por la experiencia de la muerte física? “Y aconteció que yendo ellos y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego apartó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino” (2ª Reyes 2,11). Recordemos que otro personaje bíblico como Enoc tampoco pasó por el valle de la muerte (Génesis 5,21 al 24; Hebreos 11,5). La gran pregunta que debemos hacernos es esta: si Elías no murió físicamente, ¿cómo pudo reencarnar? Y todavía más, el relato de la transfiguración de Jesús en Mateo 17,1 al 13 contradice de plano las opiniones de los reencarnacionistas. Porque cuando Elías aparece al lado de Jesús y de Moisés, los discípulos no dudaron de que allí estaba el profeta del Antiguo Testamento. Inmediatamente lo reconocen, y no lo confundieron con Juan el Bautista.

Ahora, Marcos 9,13 es el cumplimiento profético de Malaquías 3,1 y 4,5. Por lo tanto, la aparición de Juan el Bautista en Israel atrae la atención de los sacerdotes y levitas, quienes preguntan: “¿Tú, quién eres?.... ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta?  Y respondió: No” (Juan 1,19 al 21). En esta narración en ningún momento Juan dice que él era Elías. Si Juan hubiese sido Elías reencarnado lo más probable es que su respuesta hubiese sido afirmativa porque según dicen los adeptos a la reencarnación que es ciento por ciento posible recordar las vidas pasadas. Por lo tanto, no hay lógica alguna creer que Juan era la reencarnación de Elías porque él lo negó.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén