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LA IMPORTANCIA DE CONGREGARNOS

Número 200

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En Hebreos 10,25 leemos: " No dejemos de asistir a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino démonos ánimos unos a otros; y tanto más cuanto que vemos que el día se acerca.".

Siendo que el hombre es por naturaleza un ser social, su tendencia es buscar la compañía de otros, especialmente personas que tengan sus mismos intereses.

Es la confraternidad de la iglesia la que ofrece al creyente una comunión creativa y adecuada; una comunión fundamentada en el amor del Padre eterno y en la soberanía de nuestro Señor Jesucristo. Es la iglesia ese cuerpo que reúne a todos los que hemos experimentado el nuevo nacimiento y donde recibimos apoyo, el sabio consejo y la ayuda espiritual de otros que han pasado por las experiencias que nosotros ahora estamos teniendo.

El diablo sabe que solos no podemos vencer y sabe que el lugar ideal de refugio y de renovación de fuerzas es la iglesia. Por eso trata de alejarnos de la comunión de los hermanos y de la reunión de los creyentes. El no asistir a las reuniones cristianas es perder el estímulo y la ayuda de otros cristianos. Nos reunimos para anunciar nuestra fe y fortalecernos los unos a los otros en el Señor. Al acercarnos al fin de los

tiempos y al estar próximo el " día " en que Cristo volverá, afrontaremos problemas espirituales, tribulaciones e incluso persecusión. Fuerzas anticristianas crecerán en intensidad. Las dificultades nunca deberían ser excusas para no congregarnos. En cambio, a medida que surgen los problemas, debemos hacer un mayor esfuerzo por ser fieles en la asistencia.

Oscar (nombre ficticio) es un hombre joven, emprendedor, pequeño industrial que pudo haber tenido una situación económica desahogada a no ser por el vicio de la bebida que lo llevó rápidamente a la ruina. En varias ocasiones intentó dejar el licor, pero nunca lo logró, hasta que decidió entregar su vida a Cristo. Se acercó a una iglesia donde se le enseñó que el mejor argumento para mantener el vicio desactivado era vivir prácticamente inmerso en la vida de la congregación. Decidió probar, así es que hizo de la iglesia su segunda casa. Le iba bastante bien hasta que le pareció que ya era bastante fuerte como para alejarse un poco de la comunión de los santos. Tiempo después, el buen Oscar se apareció al culto de oración. Venía ebrio, sucio y llorando. Se paró frente a sus hermanos y les dijo: ¡ Les fallé, mis hermanos ! Aquella experiencia triste le enseñó que quizás nunca estaría lo suficientemente listo como para irse de la iglesia. Y desde aquella noche no ha vuelto a abandonar a sus hermanos en la fe.

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