La Biblia dice en Romanos 13, 1. 6-8 lo siguiente: " Todos deben someterse a las autoridades establecidas. Porque no hay autoridad que no venga de Dios.... También por esta razón ustedes pagan impuestos; porque las autoridades están al servicio de Dios. Denle a cada uno lo que le corresponde. Al que deban pagar contribuciones, páguenle las contribuciones; al que deban pagar impuestos, páguenle los impuestos; al que deban respeto, respétenlo; al que deban estimación, estímenlo. No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amor que tienen unos con otros".
El gobernante, tanto si es presidente, alcalde o juez, es ministro de Dios en el sentido de que es un siervo y representante del Señor. Puede no conocer personalmente a Dios, pero sigue siendo oficialmente el hombre del Señor. Así, David se refirió una y otra vez al malvado rey Saúl como el ungido del Señor ( 1 Samuel 24,6 ). A pesar de los repetidos atentados de Saúl contra la vida de David, el último no quería dejar que sus hombres dañasen al rey. ¿ Por qué no ? Porque Saúl era el rey, y como tal era el hombre designado por Dios.
Debemos a nuestro gobierno el sustento financiero por medio del pago de tributos o impuestos. Es para nuestra ventaja vivir en una sociedad de ley y orden. Los funcionarios del gobierno están dando su tiempo y talento para llevar a cabo la voluntad de Dios para el mantenimiento de una sociedad estable, de modo que tienen derecho a nuestro apoyo.
El hecho de que los creyentes seamos ciudadanos del cielo ( Filipenses 3,20) no nos exime de las responsabilidades ante el gobierno humano. Hemos de pagar todo tributo que se nos señale sobre ingresos, propiedades inmobiliarias y otras posesiones. Hemos de exhibir respeto ante los que están encargados de aplicar las leyes.
En relación con esto, los cristianos nunca deberíamos unirnos a hablar de manera despreciativa del presidente. Durante las campañas electorales deberíamos rehusar unirnos a los insultos verbales que se arrojan contra los gobernantes en el cargo; pues en la Escritura dice : " No maldigas al que gobierna a tu pueblo ". (Hechos 23,5).
Hay una excepción, naturalmente. Un cristiano no está obligado a obedecer si el gobierno le manda pecar o comprometer su lealtad con Jesucristo: " Pedro y los demás apóstoles contestaron : - Es nuestro deber obedecer a Dios antes que a los hombres ". ( Hechos 5,29). Ningún gobierno tiene derecho a imponerse a la conciencia de nadie. De modo que que hay ocasiones en las que un creyente tiene que incurrir en rechazo a la acción gubernamental.
Comentarios: