¡TÚ DECIDES!

Cierto automóvil cruzaba velozmente el puente cuando su conductor advirtió que un hombre frente suyo agitaba frenéticamente sus brazos. Varias preguntas se agolparon en la mente del conductor: “¿Estará borracho? ¿Estará loco? o, peor todavía, ¿Estará armado y resultará peligroso?” No había tiempo para pensar. El hombre no se movía de delante suyo, así que tendría que detenerse o lo atropellaría. Decidió detenerse. Tan pronto como lo hizo advirtió que el puente se había roto y varios automóviles se habían precipitado al río que corría por debajo. El conductor dio gracias por el hombre que arriesgó su vida para advertirle del desastre seguro que le esperaba, ...y también estaba agradecido por haber decidido detenerse.

Algunos dicen: “Tú eres lo que sientes”. Otros creen que eres lo que tienes . La Biblia enseña que eres lo que decides . Lo que eres, cómo eres y dónde estás hoy es el resultado de años y años de decisiones y elecciones.

Algunas decisiones son pequeñas y aparentemente insignificantes. Otras te cambian la vida. Ahora mismo vas a ser desafiado a tomar una decisión que cambiará tu vida para siempre, y aún tu vida en el más allá. Porque tú eres quien decide dónde vas a pasar la eternidad por las elecciones que haces mientras estás aquí.

Dios te ama y quiere lo mejor para ti. El te invita a tomar la decisión correcta cuando dice: “ ...les he dado a elegir entre la vida y la muerte, y entre la bendición y la maldición. Escojan, pues, la vida para que vivan... “ (Deuteronomio 30:19b). Es tan claro como el agua: si eliges a Dios, tienes vida. Pero, si Dios es vida y tú le rechazas, ¿a dónde vas a parar?...

¿Qué vas a decidir? Volvamos a la historia del puente. Jesús es como el hombre que agitaba sus brazos y alertaba a la gente del peligro que les esperaba. No hay otro en la Biblia que haya advertido más en cuanto al infierno que Jesús. Pero él no vino sólo para advertir. Vino “para buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10); para salvar del pecado, la condenación y el infierno. Todos los que pecan necesitan ser salvos. Si técnicamente esto significa todos, específicamente esto significa tú. La Biblia dice: “¡No hay quien haga lo bueno! ¡No hay ni siquiera uno!” (Romanos 3:10). Pero “Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera”, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que cree en el Hijo de Dios, no está  condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios” (Juan 3:16- 18).

¡Ya basta! El asunto de tu seguridad eterna debería ser la mayor preocupación de tu vida. ¿De qué sirve “sobrevivir” aquí sólo para ser condenado en el más allá a un tormento eterno? Jesús lo expresó de la siguiente manera: “Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero y perder su alma?” (Marcos 8:36 )

Decide mientras puedes. ¡Despierta - antes de que sea demasiado tarde! Mientras tengas vida, aún hay tiempo y aún hay esperanza. Después de que mueras, tu destino quedará sellado para siempre. No te engañes: “el decidir no tomar una decisión” es decidir. No hay forma de evadirlo. No existe un terreno neutral, ni un término medio. Sólo hay dos opciones, y sólo puedes decidirte por una de ellas: la de aceptar a Dios o la de rechazar a Dios. La decisión de aceptar a Dios es sencilla: sólo díselo... ¡y hazlo con sinceridad! El hacerlo con sinceridad incluye el arrepentimiento, el recibir su perdón y el entregarle tu vida entera.

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén