SILBATAZO FINAL

¿Recuerdas los días cuando todo estaba bien y eras el centro de atención? Todo giraba alrededor de ti y los demás te animaban a seguir adelante... ¡Nada te podía alejar de alcanzar tus metas!

Pero entonces el juego de la vida comenzó a ponerse fuerte. Comenzaste a recibir puntapiés y parecía que nadie había sido más golpeado que tú. Pero eso no era lo que realmente te dolía... era que habías perdido ese “espíritu deportivo” de vivir la vida positivamente... ¡Todo eso se había ido! Con tal fuerza competitiva en contra tuya (sentías que todo mundo jugaba en el equipo contrario) frecuentemente te encontraste en situaciones muy duras de dominar...

Quizás en este punto comenzaste a sentir que la vida era un juego sin sentido y te qued­aba un vacío que no podías llenar. Después, quizás, trataste de llenar ese vacío con deportes, comida, sexo, cerveza, drogas, fiestas, libros de autoayuda, experiencias psicológicas o religiones místicas de todo tipo. Pero si lo hiciste, llegaste a comprender con dolor que todavía había algo perdido en ti.

Pero, ¡momento!, no pierdas la fe ahora... Esta es la mejor parte de la historia. Fíjate en esto: Aunque la vida te ha enseñado a no abrir tu corazón, a no mostrar tus verdaderos sentimientos, a no confiar en otros, hay alguien que realmente está de tu lado. De hecho es como un buen entrenador que, más que cualquier cosa, quiere que tú triunfes. “¡Seguro!”, dirás, “¡quisiera ver una prueba!” Bueno, El nos ha dado una prueba enviando a su mismo Hijo.

A estas alturas ya te habrás dado cuenta de que esta no es una historia de fútbol común. Es una parábola acerca de cómo Dios, nuestro verdadero Creador, envió a su Hijo como una prueba viviente de su amor por nosotros. ¿Te das cuenta?, de muchas maneras cada uno de nosotros ha tomado el lado equivocado y ha resultado jugando en contra de Dios por sus propias decisiones en la vida.* Lo hemos dejado a él afuera de nuestras vidas, lo hemos ignorado y desobedecido. Por esa razón él envió a su Hijo, Jesús: para morir por nuestros pecados y ofrecernos pertenecer al equipo ganador de Dios.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

Sí. El pecado es como una gran pared que nos separa de Dios y no hay nada que nosotros podamos hacer para merecer o comprar el camino para pasar por esa pared. Pero Dios, sin embargo, ha provisto una manera de cómo llegar hasta él y nos ofrece este camino sin ningún costo para nosotros(*): Jesús murió en la cruz. Ahora es tu turno de decisión: ¿Aceptarás su oferta? El te dio su vida, ¿le darás la tuya?

“Jesús dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre.”  (Juan 14:6) ¡No fue gratis para Dios, ya que costó la vida de su propio Hijo!

¿Por qué no aceptar el perdón de Dios e invitar a Jesús a tu vida ahora mismo? Habla con él, simplemente como hablar a un amigo que habías perdido. Abre tu corazón y ora siguiendo las siguientes líneas:

La Biblia promete: “Pero a todos los que le recibieron y creyeron en él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.” (Juan 1:12).

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén