¿VIENTO HURACANADO O AIRE ACONDICIONADO?

En Hechos de los Apóstoles 2,1-4 leemos: "Cuando llegó el día de Pentecostés estaban todos unánimes juntos. De repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran".

Es común la figura del viento para referirse al Espíritu Santo. Sin embargo, para algunos este viento puede ser un huracán, como el día de Pentecostés, que llenó hasta los rincones más oscuros de la vida de los apóstoles y los convirtió en testigos con poder de Cristo resucitado. Otros, con excesivo tacto político al que llaman prudencia, reducen al Espíritu a un simple aire acondicionado que podemos graduar de acuerdo a la subjetividad o la conveniencia.

He aquí la diferencia: El viento huracanado, como a Pablo, nos tira del caballo de nuestras seguridades humanas para preguntar: ¿qué quieres Señor que haga? El aire acondicionado hace lo que nosotros queremos. Somos nosotros quienes lo graduamos para nuestra conveniencia y comodidad. Por eso en vez de preguntar a el Señor por su inescrutable plan, afirmamos: Señor, haz esto, ayúdame aquí, ve allá, etc.

El viento huracanado nos posee y nos cautiva como al profeta Amós que no puede dejar de evangelizar porque ha escuchado el rugido del león de la Palabra de Dios. El aire acondicionado lo poseemos nosotros. Él nos pertenece y hasta lo queremos comprar, como Simón el mago con dinero que garantiza título de propiedad.

El viento huracanado convierte la Escritura en poderosa Palabra de Dios que es viva y eficaz. El aire acondicionado la convierte en un libro de estudio frío e intelectual con bases racionalistas.

El viento huracanado nos abre a todos los dones y no sólo a los que nos gustan o estamos acostumbrados. El aire acondicionado nos hace catalogar algunos carismas como asuntos del pasado, propios de algunos creyentes, o simplemente se excluyen porque incomodan o comprometen.

Pentecostés fue un viento huracanado, que no podemos convertir en aire acondicionado.

Autor: Pastor Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén