EL ESCUDO DE LA FE

La cuarta pieza de la armadura es el escudo de la fe.  La Palabra aquí nos dice “Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.”  El escudo romano medía 1,20 metros de alto por 0,60 centímetros de ancho, confeccionado con madera fuerte y cuero, con un marco de hierro. Con el escudo en una mano y la espada en la otra, el soldado estaba equipado tanto para la defensa como para el ataque.   El soldado hacía buen uso de esta arma, moviéndolo de lado a lado para protegerse en la batalla.  ¿Cuántos desean protegerse en la batalla?  El escudo que podemos usar para rechazar los ataques del enemigo es nuestra fe.  Una gran realidad acerca de nuestro enemigo es que él es muy astuto, y buscará explotar el área más débil de nuestra vida en sus ataques.  Y si nuestra fe no está al nivel debido, si no estamos tomando el tiempo de fortalecerla, entonces esto sería el equivalente a que un soldado se presente a la batalla con un escudo de papel.  Esto es algo que suena absurdo, pero la gran realidad es que existen muchos que no alimentan su fe. ¿Cómo alimentamos nuestra fe?   Nuestra fe es alimentada a través de la Palabra de Dios.  Nuestra fe es alimentada cuando  escuchamos y estudiamos los mensajes que Él  nos envía.  De no hacer esto nuestra fe se debilita y eventualmente muere.

Esa fe nos da poder para “apagar todos los dardos de fuego del maligno” . Esas flechas encendidas del enemigo pueden asumir diferentes formas: tentación, dudas, lujuria, desesperación, pruebas, rebeldía, culpabilidad, etc. Todos los proyectiles ardientes del reino de Satanás pueden ser extinguidos, apagados, desactivados por la protección del escudo.

Una razón por la que el escudo de la fe es tan necesario para el andar del creyente es que da una protección completa . La palabra griega para escudo comunica la idea de un escudo grande. Podríamos imaginarlo como un escudo que nos cubre totalmente. El Salmo 5,12 afirma: “Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo, como con un escudo lo rodearás de tu favor”. EL salmista vio al escudo de Dios rodeando literalmente al justo, protegiéndole en todas direcciones.

La fe en un Dios que no falla nos proporciona una confianza absoluta para soportar los ataques de Satanás con todo valor. Dios mismo es “escudo a los que en él esperan” (Proverbios 30:5).

Pastor Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com

  ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén