DIOS NO QUIERE RENCOROSOS.

"Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio" (Proverbios 15,17).

El odio es el sentimiento más destructivo de nuestra vida, es el cáncer del alma. El odio solo hace daño a una persona: a quien lo cultiva no al que hizo el mal. El odio injuria al odiador, nunca al odiado.

Nadie puede estar bien por mucho tiempo solitario, desanimado, ansioso, temeroso, resentido o disgustado. Y cuanto más intensos y más duraderos sean estos estados afectivos tanto peores serán los efectos en su salud. Por eso dicen que el amor es indispensable para la salud. Este concepto tiene ya plena confirmación científica.

El odio es peligroso, no solamente por lo que puede resultar en otros sino también por lo que causa en nosotros. Los que más nos perjudican no son los que nos odian, sino aquellos a quienes nosotros odiamos. El odio consume nuestro tiempo, pensamientos y energías y nos destruye física, emocional y espiritualmente. Por cada minuto de odio, perdemos por lo menos un día de felicidad.

Mientras odiemos a una persona, ésta tendrá poder sobre nosotros, podrá hacernos desgraciados toda la vida y podrá quitarnos la bendición de Dios. Pero si le amamos, le haremos perder este poder.

Cuando odiamos a una persona le conferimos poder sobre nosotros; sobre nuestro sueño, sobre nuestro apetito y sobre nuestra felicidad. Nuestros enemigos bailarían de gusto si supieran cómo nos preocupan. Nuestro odio no les causa ningún daño; en cambio, trasforma nuestros días y noches en una pesadilla infernal. Odiar a alguien es otorgarle demasiada importancia, es colocarse por debajo de él.

El que odia es un asesino y un suicida. Asesino porque mata al prójimo con su odio y suicida porque se destruye así mismo ya que, el odio a quien primero lastima es al corazón del que lo nutre, es como el ácido en el recipiente de aluminio, perjudica más al envase que lo contiene que al objeto sobre el cual se vierte.

"Cuando perdonamos, nos liberamos de los amargos lazos que nos unen a quien nos hizo daño".

Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com  

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén