EL DON PROFÉTICO

Durante años, la mayoría de las comunidades cristianas han aceptado irreflexivamente la suposición de que la profecía cesó con la muerte de los doce apóstoles de Jesús. Se ha creado un estado de opinión según el cual, el simple hecho de que una comunidad cristiana posea un profeta contemporáneo, basta para etiquetarla como "secta". El sentimiento generalizado es que el Nuevo Testamento es la última revelación verbal de Dios al hombre.

Sin embargo, en Mateo 24:11 leemos estas palabras, dirigidas a los que vivimos en el tiempo del fin: "Muchos falsos profetas se levantarán..." ¡Si advierte en contra de los falsos profetas que se levantarán, es porque necesitamos distinguirlos de los auténticos.

Sólo ignorando las Escrituras se puede concluir que el don profético terminó con el canon del Nuevo Testamento. Leemos en Hechos 2:17-20: "En los postreros días -dice Dios-, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán... y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas... y profetizarán." No hay duda de que el cumplimiento perfecto de esa profecía se refiere al tiempo del fin, pues sigue diciendo: "Y daré prodigios arriba en el cielo y señales abajo en la tierra... el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y glorioso".

¿Cuál es el motivo por el que existe la profecía y los profetas? Leemos en Amós 3:7: "No hará nada Jehová el Señor, sin revelar su secreto a sus siervos los profetas". Según el relato bíblico, para cada acontecimiento trascendente en el mundo, Dios ha alertado siempre a las personas enviando un profeta. Antes del diluvio, envió a Noé. Antes de la liberación de Egipto del pueblo de Israel, envió a Moisés. Antes del exilio de Israel en Babilonia, envió a Isaías y Jeremías. Antes de la primera venida de Jesús, envió a Juan Bautista. ¿No te parecería bien extraño que no enviara a ningún profeta, antes del acontecimiento culminante en la historia de este mundo, que es EL RAPTO O ARREBATAMIENTO DE LA IGLESIA ?

Consideremos cuán importante es ese don del Espíritu, y cómo nuestra salvación eterna depende de que aceptemos el mensaje profético que Dios nos envía hoy.

Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com

 

  ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén