EL CONTROL DE LA LENGUA

Hace más de dos mil años el apóstol Santiago escribió que si bien " la lengua es un miembro pequeño" de nuestro cuerpo, tiene el poder de causar enormes daños: " Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno……. Con ella bendecimos al Dios y Padre y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios " (Santiago 3, 5, 10).

Desde entonces, millones de personas han comprobado la veracidad de las palabras del apóstol, aunque lamentablemente, demasiados cristianos forman parte de ese número. Me pregunto: ¿Cuántas veces hemos ofendido y herido con palabras, sin darnos cuenta ? ¿Cuántas veces habremos dicho cosas, que luego deseamos no haberlas pronunciado ?

Uno de los mandatos que nos está pidiendo el Espíritu Santo en estos días, es que evaluemos y oremos por las palabras que salen de nuestras bocas. Debemos anhelar como el apóstol a buscar la perfección, y así obtener el dominio total sobre nuestra carne: "Todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende de palabra, es una persona perfecta, capaz de refrenar todo el cuerpo" (Santiago 1,2).

Las palabras pueden confundir, herir o perturbar. Y a la inversa, tienen el poder de sanar, animar, ayudar y enseñar. Desafortunadamente, a menos que estemos bajo el control del Espíritu Santo, nuestras palabras se inclinarán más a herir que a sanar.

La pluma es mucho más poderosa que la espada. Las palabras tienen un peso tremendo, y es una equivocación afirmar que " nunca me pueden herir". Job dijo: " Hasta cuándo van a atormentarme y herirme con sus palabras ? (Job 19,2). Debemos estar conscientes de que las palabras que les decimos a nuestros hijos y a nuestro cónyuge, causan impacto. Esta es la razón por la que Dios nos hace responsables por nuestras palabras: " Y yo les digo que en el día del juicio todos tendrán que dar cuenta de cualquier palabra inútil que hayan pronunciado" Pues por tus propias palabras serás juzgado, y declarado inocente o culpable" (Mateo 12, 36-37). 

Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com

 

  ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén