NI VENGANZA NI RENCOR

Renunciar al derecho de vengarse es el paso más perfecto para estar al nivel de la Palabra de Dios. En Levítico 19,18 leemos: "No te vengarás ni guardarás rencor contra los hijos de tu pueblo ".

Se nos pide aquí un paso muy importante, quizá el más difícil de dar cuando se está aprendiendo a perdonar. Renunciar al derecho que tenemos de acusar al otro, de hacerle al menos el mismo daño que nos han hecho. Se nos pide controlar nuestras palabras, controlar nuestras manos, levantar el castigo, aún cuando el ofensor lo tenga merecido. Aquí es donde propiamente se empieza a perdonar.

Pienso en la esposa que sigue siendo fiel aún cuando no tiene ya motivos para serlo. En la mano que suelta el cuchillo para no herir a aquel que le ha hecho una herida; esto es detener el espiral de la violencia, es responder con palabras a los golpes, con silencio a los insultos, es contestar como Jesús en la casa del sumo sacerdote Caifás, al guardia que le había abofeteado: "Si he dicho algo malo, dime en qué ha consistido; y si lo que he dicho está bien, ¿ por qué me pegas ?" (Juan 18,23).

No te aseguro que actuando así siempre tendrás el éxito deseado, a veces, te sentirás cobarde o al menos tratarán de que así te sientas, pero recuerda que si ofendemos al que nos ofendió, con eso no desaparecerá el daño que nos ha causado.

Si mato al que mató a mi padre, solamente estoy aumentando el número de huérfanos.

"Mía es la venganza: yo daré el pago merecido, dice el Señor" (Romanos 12,19).

Ya llegará el tiempo en que verás arruinados a los que arruinaron la tierra (Apocalipsis 11,18).

Tarde o temprano verás con tus ojos el castigo que tu ofensor merecía, sin que tengas para ello, que manchar tus propias manos.

Dios quiera que el peso de la justicia llegue, antes que la sed de venganza destruya a los hombres.

Si logras evitar imponer tus propios castigos a los que te han ofendido, es señal que has avanzado en el difícil camino del perdón. Que el Señor nos ayude para que como Esteban, al ser apedreado, podamos decir: "Señor no les tomes en cuenta este pecado" (Hechos 7,55-60).

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén

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