OBEDECIENDO AL ESPÍRITU SANTO. II PARTE

Mateo 12:50 dice: Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en lo cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre. El es radical, es totalmente radical... Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre... ¿Qué decía Cristo a los apóstoles cuando dudaban? Yo vengo a hacer la voluntad de mi Padre que está en los cielos. No era fácil en aquel tiempo creer a Jesús.

El Espíritu Santo no hace la obra sin antes preguntar al Padre: ¿Puedo? Si el Padre lo envía la obra se hace. Si el Padre no lo envía, el Espíritu Santo que es una Persona, permanece. El no va a casa de nadie si no toca a la puerta.

Fue el profeta Jeremías quien escribió algo sobrecogedor: " No hay nada tan engañoso como el corazón humano" (Jeremías 17,9). La historia humana está saturada de equivocaciones de individuos que se dejaron sorprender por su engañador corazón. Ese corazón, que no duerme, es el centro de tantas bondades y de interminable falsedad. Nuestro corazón continuamente necesita ser "purificado e iluminado". Nuestra subconciencia es un " pozo sin fondo"; ni nosotros mismos sabemos qué hemos acumulado allí por espacio de muchos años. Esas profundidades cavernosas deben ser iluminadas para que las tinieblas no venzan a la luz.

Jesús conocía lo que " había en el corazón de los hombres"; no quiso que fuéramos desorientados por las mareas altas y bajas de nuestro engañoso corazón; por eso antes de partir, nos prometió un " Ayudador", que nos pudiera conducir siempre hacia "toda la verdad". Jesús prometió: "Cuando venga el Espíritu de la Verdad, Él nos llevará a toda la verdad " (Juan 16,13). Dentro de nosotros habita el Espíritu Santo; cuando le permitimos actuar en nuestra vida, Él purifica e ilumina nuestro corazón, y no permite que nos desoriente.

El hombre espiritual está atento a la voz del Espíritu Santo. San Pablo quería evangelizar a Asia; pero se le cerraron las puertas; dice la Biblia con frase misteriosa: " El Espíritu Santo se lo impidió " (Hechos 16,6). Intentó ir a Bitinia; se repitió lo mismo: el mismo Espíritu Santo no lo permitió. Hasta que fue el mismo Espíritu Santo que, en la manera más impensada, le dio la señal de partida a Pablo. Durante un sueño, Pablo ve a un hombre de Macedonia que lo llama; Pablo entiende el signo de Dios, y enfila hacia Europa. Ahora no se cerraron las puertas, sino que se abrieron de par en par.

 

Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com  ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén 






 

 

 

 

 

 

 


 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén