OBEDECIENDO AL ESPÍRITU SANTO. I PARTE

 

En la vida de cada hombre y cada mujer cristiano tenemos muchos beneficios. El primer beneficio es el perdón de nuestros pecados que nos lleva a un mundo diferente del que habíamos conocido.

El segundo beneficio del que obedece a Dios es que sabe conocer el dominio de la carne. Ninguna persona que no tenga a Cristo en su corazón puede tener dominio de la carne, es imposible. Tú no le puedes pedir a un agricultor que sea un escultor, eso es imposible. Es ahí, entonces, donde nosotros tenemos, como cristianos, que entrar de lleno a buscar los beneficios de la obediencia.

Cuando tú comenzaste a obedecer a Dios empezaron los cambios. No bailas, no tomas, no fumas, no parrandeas, no te vistes indecorosamente, te vistes con decoro, con elegancia, el día del culto vas para tu fiesta, te preparas con la mejor gala.

No podemos recibir el don del Espíritu Santo en nuestras vidas hasta que El no haya visto en nosotros obediencia a El. Hechos 5:32 "Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

A un amigo se pide, a un amigo se sirve, a un amigo se le honra, a un amigo se le da gracias, a un amigo se levantan canciones de amor. Juan 15, 14 dice: "Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando " .

A la vez que tú obedezcas a Dios, el Espíritu Santo está dispuesto a bendecirte, y cuando tú dejas que el Espíritu Santo te bendiga, tú estás dentro de la amistad de Cristo.

Si el Espíritu Santo te dice un día: Tienes que hacer vigilia, tienes que ayunar por cierta persona, debes hacerlo, debes obedecer. La vigilia y el ayuno no es para que nos lo agradezcan, es simplemente obediencia a la ordenanza del Espíritu. No podemos ser amigos de Cristo si no somos obedientes.

La obediencia a Dios, del gran Dios del que yo te estoy hablando hoy, es la obediencia del Espíritu Santo, que es más grande que tus pensamientos y que son a veces inexplicables a nuestros pensamientos. Ese es nuestro gran Dios, no es un Dios de ficción, ni de ciencia. Es un Dios verdadero, que mora en tí.

 

Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com  ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén







 


 

 

 

 


 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén