Donar

EL SOPLO DEL ESPÍRITU SANTO

Número 1478

ImprimirCompatir por email

Poco después de la resurrección, el Señor, estando con los discípulos, sopló sobre ellos, y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo". El soplo de Dios. El mismo soplo de Dios que fue vida en la nariz de Adán (Génesis 2:7), fue aquí, para los apóstoles el Espíritu Santo. Allí en el Edén fue vida para el alma; aquí fue vida para el espíritu. Este es el soplo del cual el Señor Jesús habló a Nicodemo con estas preciosas palabras: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu." (Juan 3:8). Soberano. Misterioso. Así es el Espíritu en su actuar.

Este viento vivificador - el Espíritu Santo- puede ser un viento recio o bien una suave y delicada brisa.

En Pentecostés fue un "viento recio" que llenó toda la casa donde estaban sentados. (Hechos 2:2). El viento recio es como el viento que sopla en algunos lugares de América del Sur. Su soplo es tan potente que se lleva las basuras arrojadas en las calles, barre el polvo y la arena, y todo aquello que no está suficiente firme. Aun las nubes en el cielo desaparecen llevadas lejos por el impetuoso viento, dejando el cielo diáfano. El Espíritu Santo también hace una obra de limpieza así. Todo aquello que no está sujeto a Cristo es llevado lejos. Toda basura es quitada, toda impureza es barrida. ¡Qué sanador es para el alma del creyente esta obra del Espíritu Santo !. 

Pero también el Espíritu es como la brisa, y entonces viene a aquietar nuestro espíritu con un silbo suave y apacible, tal como ocurrió con Elías en aquella cueva del monte Horeb. Su espíritu estaba agitado, su alma turbada. El celo de su corazón se había encendido sobre el monte Carmelo, y ahora descendía al valle del temor. Entonces Dios hace pasar delante de él un poderoso viento que rompía los montes y quebraba las peñas; luego un terremoto y un fuego, pero Dios no estaba ni en el viento, ni en el terremoto ni en el fuego. Dios vino, en cambio, como un silbo apacible y delicado. (1 Reyes 19:11-13). El viento apacible y delicado nos refresca en el día de la agitación y el calor. Acaricia tenuemente nuestro rostro, y oxigena nuestros pulmones. ¡Qué maravilloso es el Espíritu de Dios !

Mucho se ha pecado contra el Espíritu, menospreciando su obra, olvidándole e ignorándole. ¡Que el Señor derribe nuestra suficiencia para que tengamos al Espíritu Santo !

Máster Miguel Calderón Valverde

correo electrónico: mcalderón@casadeoracióncr.com

 

  ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quieres leer más?
Visita otros tratados de este tema
Busca tratados con contenidos similares

Oración de aceptación en audio:

Comentarios en Tratados del sitio

Casa de Oración
Ayudar a cuba

¿Deseas ayudar a Cuba?

Lee el mensaje ¿Como puedes ayudar al ministerio en Cuba?

No deseo leerlo