EL CELIBATO 3

Me estoy refiriendo desde el tratado 1384 al tema del CELIBATO en Roma. Quisiera invitarte que antes de desechar esta lectura, te des la oportunidad de analizarla y valorarla a la luz de la Biblia, y después juzgar.

«Todo estudioso sabe -dice Hislop- que cuando el culto a Cibeles, la diosa babilónica, fue introducido en la Roma pagana, éste se estableció en su forma primitiva, con su clero célibe.» Y así esta doctrina diabólica y peligrosa para el buen crédito de la propia religión, fue establecida en la Roma pagana.

La supuesta pureza dentro del celibato sacerdotal nunca ha sido una realidad. Así era ya en el celibato de los sacerdotes de la Roma pagana. Tan malas eran sus consecuencias, que el Senado romano se vio obligado a poner mano y expulsarles una y otra vez.

Pero al llegar los días de la separación de la verdadera fe, a pesar de los corrompidos frutos que esta regla del celibato había producido en la Roma pagana, la doctrina de «prohibir casarse» vino a ser parte de la Roma papal. La Iglesia Católica Romana la impuso en contra de la costumbre de las congregaciones cristianas de los primeros siglos, cuyos pastores u obispos solían ser casados y no formaban ninguna clase especial. Esta imitación del paganismo demuestra una influencia directa del clericalismo pagano dentro del Cristianismo. Al adoptar esta doctrina la Iglesia Romana voluntariamente renunció a las enseñanzas de la Biblia que no declara como ley, ni exige que los ministros del evangelio deben ser solteros.

Los ministros del Nuevo Testamento, incluyendo a los apóstoles, eran casados (l. era de Corintios 9: 5). La Biblia dice: «Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer» (l. era de Timoteo 3:2).

Satanás, que conoce bien la naturaleza humana, sabía que del mismo modo que existió la corrupción entre el sacerdote célibe de la Roma pagana, se produciría de igual modo entre los sacerdotes de la Roma papal.

Estos sacerdotes -mientras aparentaban ser hombres santos-, frecuentemente eran todo lo contrario, como resultado de la doctrina del celibato.

Autor: Máster Miguel Calderón Valverde 

correo electrónico: mcalderó[email protected]óncr.com

 ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador (a) en necesidad de salvación. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo (a). Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal; perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén