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TRES DESASTRES EN LA VIDA DE ELÍ

Número 1270

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Estamos reflexionando sobre la tragedia de Elí, el sacerdote cuyos propios hijos se alejaron del Señor. Él sabía que sus hijos estaban en pecado, pero era demasiado débil para actuar. Elí terminó en una muerte trágica, como también les sucedió a sus hijos, aunque había servido a Israel como sacerdote durante cuarenta años.

Consideremos que Dios no está dispuesto a aceptar el segundo lugar. Dios le preguntó a Elí: " Por qué....has honrado a tus hijos más que a mí " ( 1 Samuel 2,29). Él no acepta los segundos lugares, sino que exige ser el primero. Por eso nos dice con claridad: " Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso " (Deuteronomio 4,24).

Al no enfrentarse a la maldad de sus hijos, Elí estaba poniendo sus apetitos y caprichos- y pecados- por encima de los deseos y mandamientos de Dios. Nunca podemos permitir que aquello que para nosotros es valioso- aunque se trate de nuestros hijos- tome precedencia por encima de la voluntad de Dios. Eso sería idolatría.

Dios tiene derecho a quebrantar su promesa. Muchas de las promesas de Dios vienen con un precio: nuestra obediencia. Aunque el Señor le había prometido a Elí que su familia ministraría para siempre, a causa de la desobediencia de éste, dispuso otra cosa y anuló su promesa. De hecho, la promesa de Dios fue reemplazada por una maldición: " Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. Verás tu casa humillada, mientras colma de bienes a Israel, y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa" ( 1 Samuel 2,30-33).

Dios puede hallar un sustituto. El llamado y los dones de Dios son irrevocables. El destino y el propósito que Él tiene para nosotros es permanente, pero nuestra desobediencia puede cancelar sus mejores planes. Después de maldecir a Elí y al ministerio de su familia, Dios dijo: " Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días " ( 1 Samuel 2,35).

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