DIOS HA PROMETIDO LA VICTORIA

El Salmo 23, 5 declara: "Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores (enemigos)". Al leer esto pensamos que Dios va a obligar a nuestros enemigos a concurrir a un lugar donde Él ha preparado un banquete y obligarlos a mirar cómo nos hace disfrutar de tal fiesta. Sin embargo, si nuestros enemigos nos atacan, nos golpean, nos lastiman, Él entra en todo su poder y majestad y les ordena que retrocedan. Luego nos toma en sus manos de amor, lava nuestras heridas y las cubre con aceite. Y finalmente prepara la mesa más exquisita y nos da un gran banquete en presencia de nuestros enemigos.

 

Nada le duele más al diablo y a sus demonios que tener que presenciar ese cuadro de amor y de restauración cuando, momentos antes, estaban seguros de que íbamos a ser destruidos. Esto es lo que Pablo explica cuando dice: "afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos pero no desesperados; perseguidos pero no abandonados; derribados pero no destruidos" (2 Corintios 4:8,9). Pablo presenta la aflicción, la perplejidad, la persecución y el ser derribados como parte normal de la vida cristiana. Pero conjuntamente aclara que nunca seremos agobiados, perderemos la esperanza, que seremos abandonados o destruidos. El

diablo solo puede llegar hasta donde Dios no lo deja pasar.

 

La expresión "derribados pero no destruidos" refleja lo que ocurría en el circo romano durante la lucha entre gladiadores. Cuando un gladiador, era derribado, su adversario le ponía la espada en el cuello, listo para matarlo, pero tenía que recibir autorización. Debía mirar hacia el lugar donde estaba sentado el César y ver qué señal le daba este. Si el César apuntaba con el pulgar hacia abajo podía matarlo, pero si apuntaba hacia arriba tenía que dejarlo vivir. Dios, el Eterno César, nunca le va a dar permiso al diablo para que destruya a sus hijos. Como en el caso de Job, Dios puede llegar a darle permiso para que nos derribe, para que queme nuestras cosechas, destruya nuestras riquezas, pero nunca para que nos destruya. El pulgar de Dios siempre apuntará hacia arriba. Y esto es siempre así ya sea que se trate de un individuo en problemas, de una familia acosada, de una iglesia vapuleada o de una nación al borde del caos.

 

Como un río impetuoso el Señor hará que su pueblo levante bandera . Dios nos asegura que habrá victoria pero esta debe ser precedida por la lucha y en este caso una lucha atroz.

 

ORACIÓN PARA ACEPTAR A CRISTO

Yo confieso que soy un pecador o pecadora, y necesito tu perdón. Me doy cuenta que viene el día en que será demasiado tarde para ser salvo o salva. Yo creo que Jesucristo derramó su Sangre preciosa, y murió por mis pecados. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Yo te recibo ahora Jesucristo como mi Señor y Salvador personal. Perdona mis pecados e inscribe  mi nombre en el LIBRO DE LA VIDA ETERNA. Amén