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EL PAN Y VINO COMO SÍMBOLOS

Número 106

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En San Mateo 26, 26 al 30 leemos: " Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió, y se lo dio a los discípulos, diciendo : - Coman, esto es mi cuerpo. Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, diciendo: - Beban todos ustedes de esta copa, porque esto es mi sangre, con la que se confirma el pacto, la cual es derramada en favor de muchos para perdón de sus pecados. Pero les digo que no volveré a beber de este producto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre ".

En la última cena , no hay ni la más leve indicación, de que el pan y el vino se transformen en el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo y, por ende, Cristo entero. En cada cena, fracción del pan, eucaristía, comunión; el pan y el vino aparecen en todo momento como lo mismo. Tienen el mismo olor, el mismo gusto y la misma sensación; es decir, no cambian en absoluto.

Un problema complicado, sería aceptar la realidad de que el pan se convierta realmente en la carne humana y, el vino en la sangre de Cristo, el mismo que nació de la Virgen María . Creer que los discìpulos se comieron la carne de Jesús y bebieron su sangre, es una teoría cuya base filosófica concentrada en Aristóteles es ilógica.

Para un judío, beber sangre humana hubiera sido más que simplemente repugnante; hubiera sido ilícito. La Ley de Moisés prohibía estrictamente a los judíos beber sangre ( Levítico 17, 10-14). Podemos estar seguros de que si los discípulos hubieran pensado que Jesús les estaba pidiendo que violaran este mandamiento, eso habría resultado en una acalorada discusión y vociferantes protestas. Sin embargo, no hay indicio alguno de tal controversia en ninguna de las crónicas de la última cena.

Además, si los discípulos hubieran bebido la sangre de Cristo en la última cena, Pedro no podría haber afirmado meses más tarde: " Porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás" (Hechos de los Apóstoles 10,14). Asimismo, el concilio en Jerusalén no podría haber instruido a los cristianos gentiles que " os abstengáis ...de sangre " ( Hechos 15, 29) si es que los cristianos en forma rutinaria bebían la sangre de Cristo en la Cena del Señor.

No hay razón para creer que los discípulos ni por un momento pensaron que el pan y el vino se cambiaban en el cuerpo y la sangre de Cristo. En ninguna parte leemos que protegían cuidadosamente todas las migas que se separaban del pan o que adoraban el pan y el vino. Cuando Jesús dijo "esto es mi cuerpo, refiriéndose al pan, jamás se imaginaron otro cuerpo de Jesús.

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